Desde que me divorcié de Juan he tenido que recurrir al dedo para satisfacerme sexualmente. Al principio con eso me bastaba, pero mi escasa imaginación me empujó a buscar otros medios con los que motivarme. Y así, después de muchos intentos me armé de valor y finalmente alquilé una peli porno con la que me hice el mejor pajote de mi vida.