Relatos Hablados

Polvos al carboncillo

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Soy dibujante de comics y últimamente no ando muy sobrada de imaginación, así que voy a tener que recurrir a experiencias propias vividas que me sirvan como inspiración... Con lo guarra que siempre he sido lo tendré bastante fácil, y de la calentura al recordarlo me pajearé mientras dibujo.

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Voz por BellaPerrix
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Aquí estoy, sentada en la silla y con toda mi atención puesta sobre este cómic. Mañana debo entregarlo al editorial y sin embargo la inspiración no me ayuda a tirarlo adelante.

Llevo una sola página. Hasta ahora he dibujado con mi lápiz una historia de aquellas absurdas, pensadas para elevarle el alívido a la gente.

Es una versión erótica del cuento de Cenicienta. Se trata del último episodio y es aquí donde el príncipe azul se tiene que follar a la protagonista.

Pero es que llevo ya tres meses, a episodio por mes, dibujando gente follando y creo que todo esto empieza a ser francamente aburrido. No sé, igual soy yo que no tengo un día muy positivo.

En fin, da igual, tengo que seguir currando. Ahora es cuando él se abre la bragueta y se saca la polla. Una polla que se tuerce hacia arriba, como la de aquel novio que tuve a los 15 años.

Era mi primer hombre y nos metimos en un cobertizo huyendo de nuestros padres. Ahí dentro se sacó la polla y me pidió que se la chupara. Yo no quise.

En aquel entonces no me había... No me hacía ninguna gracia pensar en meterme esa cosa tan larga y fea dentro de mi boquita adolescente. Así que tras mucho insistir accedí a cascársela lo mejor que pude.

Fue una sensación extraña. Aquella primera vez. Mientras mi mano subía y bajaba por aquel músculo tan tensado y caliente, le miraba y me daba un poco de miedo verle jadear por algo tan tonto.

Ya me veis, yo ahí, arrodillada y haciéndole la paja a un chaval que no era precisamente un lumbreras. Al final se corrió y no me gustó nada que aquel líquido tan asqueroso me salpicara la cara.

La verdad es que me puse a gritar y ahí le dejé con su desinflada polla colgando del pantalón y cara de tonto. ¿Qué habrá sido de él? En fin, concentrémonos en el cómic.

La polla del príncipe está más que dura y repleta de babas de la cenicienta. Ahora es el momento de devolverle el favor. Así que ella se estira entre la hierba verde y él comienza a comerle el coño.

No sé si sabré dibujar el clítoris como debería. Quizá me haría falta un libro de anatomía, pero no tengo tiempo para eso. Naturalmente también me voy a servir de mis recuerdos para narrar esta comida de almeja.

Si la memoria no me falla, había visto fotos en revistas porno de chicas con el coño exageradamente abierto por tíos buenos que metían sus lenguas viperinas dentro.

Me gustó lo que vi. Y una noche le pedí al chico que entonces salía conmigo que me lo hiciera. Aquella era una relación aún muy verde. Se basaba más en lo platónico que en otra cosa.

Y la verdad es que el chico se asustó un poco al verme eso tan rojo entre las piernas. Yo las abrí lo más que podía, esperando ahorrarle a él el trabajo.

Pero el caso es que se puso a ello. Y la verdad, jamás me habían lamido la vagina con tanta mala pata. El pobre chaval hizo lo que pudo, chupando como quien sorbe una piruleta.

Y sí, claro que me puse cachonda. De hecho me corrí rápido. Aunque eso no significa nada. Y así pudieron más mis calenturas y el recuerdo de las fotos que había visto.

Que la destreza de mi amante. Ay, pobre. Era buen chico. Pero me temo que por mi culpa le habrá cogido manía a comer coños. De lo mal que se lo hice pasar.

Y su mujer andará buscándome para acometer venganza. Esto comienza a animarse. De tanto pensar en estas cosas y de tanto dibujar coños y pollas me están entrando unos calores que ni te cuento.

No me vendría mal un desahogo. E incluso a lo mejor sería beneficioso para esta apagada inspiración. Desciendo mi mano por el pantalón del pijama.

Y me froto el coño por encima. Que bien. Meto la mano dentro de las bragas. Creo que tengo los mofletes rojos. Ya siento mis dedos enredarse en los pelillos.

Ya lo tengo. El dedo se pasea firmemente por la raja. Rozándola. Sin llegar a entrar. Pero el cosquilleo que siento hace prever algo bueno.

Me abro la vulva. Quiero que el aire refresque mi abertura vaginal. Mira. Ahí está mi clítoris. Tendría que echarle un vistazo para dibujarlo bien.

Pero da igual. Ahora está. Para hacerme gozar. Oh. Oh. Oh, así. Que con la punta del dedo lo meneo un poco. Oh. Sí. Es una delicia. Comienzo incluso a sudar.

Oh. Las piernas se me abren más. Y más si no apenas quererlo. Oh. Cierro los ojos. Y pienso que el príncipe del cómic. Sacando su polla hinchada y venusa.

Oh. Se la menea un rato delante de mí. Oh. Veo bailar ese capullo rojo que dice. Cómeme. Oh. Esto funciona. Oh. Mi mano trabaja rápido. Oh.

Dos de mis dedos juntos y con pinchados. Entran hacia dentro. Oh. Rozan las cavidades del coño y me pongo como una moto. Oh. Si tuviera aquí un tío.

No le dejaría ni un músculo entero. Me comería cada uno de sus huevos. Y le lamería al polla de arriba abajo con hainco. Mmm. Me pone cachonda sentirla crecer en mi boca.

Oh. Resulta casi un reto para mí. Conseguir que todo ese esperma almacenado en los testículos. Salga casi como un proyectil. Y entre directamente en mi golosa boca.

Sí. Mmm. Oh. Creo que con mi mano libre voy a darle un poco de marcha a mis pezones. Introduzco la mano por debajo de la vieja camiseta de rojo chillón.

Y me aproximo hasta uno de mis gruesos pechos que cuelgan sobre mis costillas. Oh. Aquí la tengo. Mmm. Agarro el pezón. Y. Oh. Casi vibra. Paso mis dedos por encima.

Y la mano más responde poniéndose dura. Oh. Oh. Sí. Fóllame. Le grito a mi amante imaginario. Fóllame entera. No me dejes así. Uuuh. Estoy gozando como una loca.

Pero quiero corregerme. Incremento la velocidad de mi paja. Con unos dedos que parecen un poco un taladro. No. Oh. Mi otro pezón también está endureciendo.

A punta recto. Gracias a las artes de mis juguetones dedos. Sí. Sí. Voy a corregerme. Sí. Oh. Oh. Oh. Oh. Daría lo que fuese por un baño de caliente.

Y jugoso semen. Mmm. Sentís lo deslizar por mi cara. Por mi cuello. Adentrarse directo por mi garganta. Oh. Siento detenerse. Mmm. No te detengas.

Haciéndome gozar. Como el que más. Ya. Ya. Oh. Oh. No puedo retener mis jadeos dentro de mi boca. Mi columna está castigada con punzantes sacudidas de auténtico gusto.

Oh. Sí. Qué bueno. Oh. Oh. Oh. Oh. Oh. Uf. Esta es una pasada. Todo tiembla. Todo deja de importarme. Ahora. Es el momento del orgasmo. Mmm.

Oh. Oh. Oh. Qué rico ha sido. Oh. Mucho mejor que las pajas que me hacía cuando estudiaba en enseñanza primaria. Uf. Oh. Ha sido tan increíble que aún estoy con la misma postura.

Mmm. Cualquiera que me viera no se ahorraría una risotada a mi costa. Aquí toda espachurrada sobre mi silla. Mmm. En fin. Creo que debería seguir con el coming. Que se está haciendo tarde. Claro que la musa de la inspiración no me ha venido. Si la intento de nuevo.

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