Así me gusta despertarme
Es un rollo tener que madrugar para ir al trabajo, menos mal que como dice el refrán, a quien madruga le dan por el culo, como por ejemplo a mí todos los días.
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Es un rollo tener que madrugar para ir al trabajo, menos mal que como dice el refrán, a quien madruga le dan por el culo, como por ejemplo a mí todos los días.
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El sol entra por la ventana. Ayer noche cerré la persiana, pero siempre hay algún hueco, por diminuto que sea, que facilite la entrada de la luz del nuevo día.
Apenas puedo mantener los ojos abiertos. Dejó caer pesadamente la cabeza hacia la izquierda y miró el reloj que hay encima de la mesita de noche.
Son las seis menos cuarto. Dentro de 15 minutos tengo que levantarme. Me espera un café con leche, la ducha, vestirme para ir a trabajar. ¡Oh Dios!
No tengo ganas. Estoy muy cansada. Hace calor y me duelen todos los huesos. Me veo incapaz de mover ni un solo músculo. Giro la cabeza hacia el lado contrario y veo a Enrique, durmiendo como un lirón.
Claro, a él no le toca trabajar. Míralo. Me encanta esa carita de ángel que pone cuando duerme. Me gustaría saber con qué sueña. ¿Conmigo? Va, da igual.
Solo sé que es hora de levantarme y no puedo ni tan siquiera intentarlo. Ojalá esos 15 minutos fueran 15 horas. Daría lo que fuera por seguir aquí, estirada un ratito más.
Mis palpados pesan, se me cierran. Me invade un terrible sopor. Tenso mis músculos y siento un gusterrin muy grande por todo el cuerpo. Una sonrisa se dibuja en mi cara.
Es tan placentero desperezarse. Llevo las manos hacia mis piernas, me acarici los muslos, mi piel se eriza. Resulta un tanto incómodo, cuando aún tienen los ojos repletos de legañas, pero es tan delicioso.
Introduzco una mano por debajo de las bragas y mi dedo repasa mi raja de arriba abajo. No debería hacer esto, pero creo que me estoy excitando.
Con la mano me agarro un pezón y hago girar suavemente. Noto cómo se endereza entre los dedos. Sí, esto me gusta. El dedo con el que me acariciaba la raja empuja hacia dentro, traspasa con suavidad los labios y entra en la zona sensible.
Busco el clítoris ciegamente. Cuando doy con él, comienzo a palparlo de forma incansable. Cada luce de mis yemas me da mil descargas en la zona de la ingle.
Me estoy poniendo morada. Me retuerzo sobre las sábanas como un animal agonizante. Gimo suavemente. No quiero despertar Enrique. Necesito una polla.
Mi dedo no me da todo lo que realmente quiero. Giro de nuevo hacia mi marido. Lo repaso de arriba abajo y centro mi mirada en su paquete. Enrique duerme con slips y un bulto hermoso se hace notar por debajo de la textura de su ropa interior.
Me acerco a él, beso cariñosamente su miembro y deslizo mi mano hacia su sexo. La dejo reposar justo encima de los slips y sin apenas esfuerzo puedo adivinar la curiosa forma curva con la que reposa su polla.
Aprieto la cabeza lentamente. Seguro que se piensa pensando en un sueño húmedo. Mmm mejor será que no le despierte. El magreo está logrando su fin.
El pene de mi marido se endurece por segundos. Quizás si lo agarro entre mis manos y lo sacudo a mayor velocidad logre más efecto. Así que le bajo los calzoncillos.
Coloco la goma entre la base y el escroto y me hago con su polla. Ya morcillo no hay muy cerca de la erección total. Bastará con unas sacudidas más para que se ponga duro como el acero.
Así, uno, dos, ya está. Mmm que delicia tener un músculo tan caliente entre mis piernas. Perdón, entre mis manos. Me pasaría horas acariciándolo y pellizcando el capullo.
Pero yo quiero más. Me levanto y me pongo de rodillas encima de la cama. Me quito las bragas y me aposento cómodamente sobre Enrique. Conduzco su sexo hacia el mío y lo empujo para que entre.
Mmm la sensibilidad de mi vagina se dispara y la química comienza a causar efecto. Enrique sigue gimiendo sin parar, pero sorprendentemente no se despierta.
Estará soñando que se folla otra mujer. A ver si voy a tener que ponerme celosa yo ahora. En fin, no olvídalo y dale a lo que le interesa. Inicie un rítmico movimiento de arriba abajo, cada vez más rápidamente.
Los labios de mi raja acarician la piel del falo de mi marido a cada embestida y la erección sigue creciendo. Agarró las manos de Enrique por las muñecas y las dirijo hacia mis tetas.
Es una lástima que los dos senos tan gruesos y jugosos se desperdicen así, pero Enrique sigue perdido en algún lugar de su subconsciente y las manos le pesan demasiado, así que de nuevo caen sobre la cama.
Él se lo pierde. Tendré que apañármela sola. Pasó a acariciarme los pezones con las palmas abiertas de las manos. Dibujo círculos invisibles sobre ellos.
Cierro los ojos, aprieto los dientes. Esto marcha. Estoy sudando como una condenada, pero me da igual. He venido por un orgasmo y me lo voy a llevar.
Basta con que incremente todavía más el ritmo del dentro fuera y no me detenga. Sí, esto está mejor. La cama comienza a crujir. Los muelles no lo van a resistir.
Claro que quizá yo tampoco. Enrique sigue perdido en su mundo de ensueño mientras empiezo a sentir un dulce cosquilleo. Nace en mi sexo y poco a poco se desliza en dirección a mi cabeza.
Recorre mi estómago, mis brazos, por mis piernas. Es como si a esta habitación le faltara gravedad. Me siento flotar. Voy a correrme. Sí, voy a correrme.
Sí, ya. Cada una de mis extremidades se tensan de forma sobrenatural. Lavo las uñas en el colchón mientras quimo sin cesar. Me da igual despertar Enrique.
Me dan igual los vecinos. Quiero prolongar este momento indefinidamente. Bueno, castigo pesadamente liado sobre la cama. Todavía estoy hebrea de tanto éxtasis.
Me veo incapaz de mover ni un solo músculo. Estoy agotada. No me puedo levantar. Apenas me veo capacitada para mover una pestaña y mucho menos abrir los ojos.
Oh, qué suena. El despertador. Ya han pasado 15 minutos. Mierda. No había sido un sueño. Miro a Enrique y no se ha movido de su postura y su polla reposa tranquilamente dentro de los slips.
Qué raro. Pero tan real. Igual incluso me he corrido soñando. Vamos, no me extrañaría. Ha sido realmente intenso. Me encantaría repetirlo o incluso hacerlo en realidad.
Pero joder, son las seis y me tengo que levantar. Me esperan el trabajo y no hay nada que no solucione una buena ducha fría. ¿Qué le vamos a hacer?