Relatos Hablados

Follando por Internet

0:00 / 12:36

En cuanto dan las diez, cojo el ordenador y me pongo a chatear. Fue mi amiga Carmen la que me habló por primera vez del cybersexo, me dijo que era una forma muy divertida y segura de mantener sexo, hasta que decidí probarlo por mí misma a escondidas de mi marido. Desde entonces, estoy totalmente enganchada, chateo cada noche y tengo unos orgasmos descomunales.

En cuanto dan las diez, cojo el ordenador y me pongo a chatear

33 escuchas

Voz por BellaPerrix
📜 Ver transcripción (se sincroniza con el audio)

Te cleo la pregunta ¿Cuántos años tienes? y al poco rato él me contesta ¿23? Mmm, un nuevo jovencito, esto promete. Me encanta chatear, es uno de mis mayores vicios en cuanto el reloj da las 10.

Me conecto a la red y corro al primer chat de sexo que conozco. Allí, cada noche, nos encontramos unos cuantos ya fijos, a los que siempre se van incorporando recién llegados.

En concreto, Eddie, con el que hablo, es la primera vez que entra aquí. Recuerdo hace meses cuando iba a trabajar y oía a mis amigas hablar de cibersexo, cibersexo y más cibersexo.

Al final, me vi en la urgente necesidad de preguntarles que qué significaba aquella extraña palabreja. Una de ellas, Carmen, la más osada, me explicó que era el modo más radical de sexo seguro.

Luego sonrió y me la aclaró un poco. Me contó que mantenía conversaciones súper calientes con tíos en internet a través del chateo y que incluso a veces la ponían tan y tan cachonda que recurrir a la masturbación era un recurso habitual.

Mi primera reacción fue tachar de anormal a Carmen y escandalizarme, pero poco a poco me fue entrando el gusanillo. Daba la casualidad de que Miguel, mi marido, trabajaba por las noches entre semana y yo, que no soy mucho de ver la tele, me aburría de sobremanera.

Le comenté la posibilidad de instalar internet en casa. Él dijo que sí, naturalmente, sin saber para qué lo quería. Luego tuve mi primera sesión de cibersexo, que fue algo patética.

Supongo que por las prisas y el ansia de probarlo, pero a los pocos días de conectar cada noche conocía un tal... ¿Cómo se llamaba? Así, un tal Bosco, que realmente logró ponerme muy, muy cachonda.

El tipo dominaba como nadie el arte de las palabras. Además, escribía un ritmo bastante acelerado, lo que conseguía no aburrirme. Total, que terminé pajeándome allí mismo como una loca.

Cuando terminé, la verdad es que me sentí algo rara. No lo voy a negar, pero tampoco voy a negar que me lo pase realmente bien. Desde entonces, el cibersexo es ya una costumbre habitual en las noches entre semana.

¿Estás? pregunta Eddie. Lo tenía abandonado. Le contesto, sí, sí estoy. ¿Qué te gustaría hacerme, Eddie? No tarda en aclarármelo. Te quitaría las borragas a mordiscos y me comería entero tu jugoso coño.

Guau, balanzado el chaval. Mmm, me encantaría. Te cleo. También me encantaría ver cómo es tu polla para poder imaginar que la tengo delante de mí.

Eso nunca falla. La tengo normal, pero adornada por un capullo muy gordo y rojo que arde para ti. Oh, este chico es un poeta. Ahora mismo me la estoy clascando mientras pienso en ti.

Mmm, buf, yo empiezo a animarse el asunto. Me pregunto cómo logrará masturbarse sin cometer faltas de ortografía. Ya me lo veo ahí sentado frente al ordenador, con la polla toda tiesa en una mano y la otra escribiendo con un dedo torpemente.

Qué curioso es todo esto. ¿Te vas a masturbar tú también? Creo que sí. Me voy a prestar al juego. Me apetece. ¿La verdad? Si tú me estimulas con tus palabras, yo me haré una paja enterita para ti, le digo.

El chico no tarda en animarse. Primero de todo, quiero que juegues con tus pezones. Quiero que te los aprietes, que te claves las uñas en ellos.

Lo hago. Esto puede ser divertido. Me quito la camiseta que llevo dejando así mis tetas al aire. Me agarro uno de mis pezones y mis dedos comienzan a estrujarlo.

Mmm, qué gustito. Comienzan a endurecerse. Me estás sintiendo escalofríos por toda la espalda. Agárrate un pecho entero y magrealo hasta que gimas.

Quiero irte a gemir, me dice. Mi otra mano rodea mi teta con fuerza. Me inicia un manoseo suave, mensajeando toda la superficie con delicadeza.

Mmm. Cada vez que mis dedos pasan por encima de mi otro pezón, no puedo evitar respirar profundamente de placer. Esto me está gustando. Uff.

Ahora acariciate el coño. Puesto que siempre me siento aquí para chatear, apenas llevo una camiseta estrecha y las bragas. No va a ser problema meter la mano dentro de ellas y dedicarle a mi raja unas suaves caricias.

Siente el dedo palpando tu vagina. Nota su superficie rugosa estimular tu sexo. Mmm. Oh. Comienzo a sentir un notable sofoco. Mis dedos no se cansan de rozar una y otra vez mi coño.

De arriba a abajo. A medida que la excitación sube, las piernas se van abriendo lentamente, casi de modo automático. Es una sensación extraña, pero me encanta.

Ese clítoris debe ser mío. De momento lo tengo yo más a mano y pienso ser severa con él. Golpéalo, pellízcalo, hazle sufrir. Cada gota de su dolor es placer para tu cuerpo.

Mmm. Ya lo creo. Oh. Una mano mantiene la vagina abierta mientras los dedos de la otra se dedican a hurgar en el interior. Una especial predilección por cualquier tipo de órgano estimulante.

Da igual cuál sea este. Tiraran de él, lo magrearán hasta que el gustazo que ello conlleva erice el vello de mi cuerpo. Mmm. Oh. ¿Quieres mi polla?

Sigue escribiendo, Eddie. Palpita en mi mano. Arde. Todas las venas están hinchadas. La sangre corre por mi tronco y mis cojones tienen todo el esperma que tú necesitas.

Sí. Me encanta leer esas palabras. Mmm. Me pone a 100. O mejor, a 200. Imaginarle ahí, machacando ese falo, esa verga. Que ojalá estuviera aquí ahora, entre mis piernas.

Es extremadamente excitante visualizar a Eddie masturbándose. Dándole a la polla su merecido con un constante sube y baja imparable a través del carnoso tronco de tan delicioso órgano.

Pero puesto que esto es cibersexo, mejor sigamos con el tema digital. Mi mano libre va vuelto a uno de los endurecidos pezones mientras dos dedos bien conjuntados de la otra se lo están currando en mi coño.

Entrando y saliendo. Oh. Oh. Oh. Mmm. Noto el semen que se acelera hacia la punta de mi rabo. Teclea él. ¿Vas a correrte tú también? Es... Oh.

En un esfuerzo casi titánico, interrumpo mi acelerada paja para escribir un seco y frío, sí. Pero a él ya le basta. Durante un minuto, ambos sin escribir.

Ambos nos desconectamos mentalmente. Da igual que el teléfono siga acumulando minutos y por tanto dinero, porque ese momento me está para disfrutarlo.

Oh. Mmm. Oh. Oh. Oh. Oh. Oh. Mmm. Mmm. Oh. Oh, tras las últimas embestidas, el éxtasis total hace acto de presencia en un orgasmo divino y completo.

Mmm. Oh. Yo. Oh. Oh. Oh, un cosquilleo asciéndese mi entrepierna a mi cabeza. Oh. Me noto flotar. Mmm. Oh, qué gustazo. Oh. Mis extremidades.

Oh. Se tensan unos segundos y luego caen pesadamente. Mmm. Mi cuerpo deja de ir. Prieto. Y una sensación de paz me envuelve. Oh. Mi coño se ha quedado satisfecho por lo menos durante un rato.

Y yo también. Oh. Oh. Oh. No sé. Sí, esta ha sido la mejor ciberpaja de mi vida. Pero desde luego ha sido un rato cañera. Oh. Oh. Estás. Te cleo.

Yo ya me he corrido. Ha sido una pasada. ¿Y tú? No contesta. Eddie, insisto, en vano se habrá desconectado. Será el maldito lag. Me dispongo a escribir otro.

¿Estás? Cuando veo aparecer un texto en la pantalla de Eddie. Hey, que somos nosotras. Carmen y las chicas de la oficina. ¿Qué tal? Te lo has pasado, ¿eh? Aquí nosotras aún nos estamos descojonando. Y termina la frase con un burlón humillante. Ja, ja, ja. Mierda.

📝 Tu nota privada

Ver todos los relatos →

Relatos similares

Ver todos los relatos →

Atajos del teclado

Espacio
Reproducir / pausar
Retroceder 10 segundos
Avanzar 30 segundos
T
Modo trabajo
?
Mostrar este panel
Esc
Cerrar este panel

Y un secreto: ↑↑↓↓←→←→BA