Relatos Hablados

La cámara de video de Mark

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Mi amigo Mark se compró una cámara de video y ahora por fin va a poner en práctica algo que desde que la tiene ha querido hacer: inmortalizar una de nuestras sesiones de sexo. Me he hecho bastante de rogar, pero he accedido a su petición y voy a dejar que grabe uno de nuestros fantásticos polvos.

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Voz por BellaPerrix
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Marca enciende la cámara de vídeo, la misma con la que inmortaliza las monerías de sus sobrinos, la misma con la que a veces espía a la gente de la calle.

Desde que se la compró de oferta en unos grandes almacenes, no sabe hacer otra cosa que filmar y filmar. Y por fin va a poner en práctica algo que desde que la tiene ha querido hacer, inmortalizar una de nuestras sesiones de sexo en una cinta magnética.

Tras mucho negarme, hoy he decidido darle una oportunidad. No sé qué saldrá de todo esto, pero la verdad es que estoy muy nerviosa. Incluso me atrevería a confesar que me hace ilusión hacer esta locura.

Mar clava el objetivo sobre mí, como una arma punzante. Aprieta el botón del autofocus y acerca el zoom. No es que sea muy diestro en el manejo de ese aparato, pero sí le creo capaz de lograr un encuadrete decente.

Ahora que ya me ha capturado dentro de su cámara, me lo pide tan claro como el agua. ¡Desnúdate! Eso me agrada. ¿Para qué negarme a algo que me gusta?

Me levanto de la silla con una sonrisa de complicidad y comienzo a quitarme la ropa. No hay mucho de lo que deshacerse, así que voy rápido.

Intento darle al número un toque sensual, contorneando mi cuerpo en planes triptis. Pero la verdad es que para estas cosas no soy ningún artista.

Me quito la camiseta roja que cubre mis pequeñas, pero dulces tetas. Esos caramelos repletos de azúcar. Me bajo los pantalones cortos que suelo ponerme para ir por casa cómodamente.

Y me quedo en bragas. Ahora las bragas. De acuerdo. Adiós, fragas. O la raja. No seas tímida. Que te espera un poco de acción para esta noche.

Vuelvo a sentarme y mientras miro fijamente a la cámara, abro lentamente las piernas. Tonteando junto con Mark y a su cámara. Ahí está mi coño.

Muchos lo querrían para ellos. Y sin embargo es todo para ti. ¿Qué te parece el plan de hoy? Másturbate. Ya no sé si pensar que Mark se está entusiasmando demasiado.

Durante unos segundos dudo. Esto es serio. Pero al verle abrirse la bragueta de los tejanos y meter la mano dentro en busca de su polla, me decido a cumplir con sus deseos.

Me chupo el dedo índice picaronamente. Desciendo entre mis desnudas tetas, ante retozo entre ellas y rodeo el pezón izquierdo. No puedo evitar soltar alguna sonrisa.

Esto es muy divertido. Y la verdad es que me estoy poniendo muy cachonda. El dedo ya ha cruzado por encima del ombligo. Finalmente se detiene encima de la raja.

Entra. Hago esperas. Voy directa a la faena. Mi clitriz va a acordarse de esta. Inicio una suave paja. Los escalofríos hacen acto de presencia en un segundo.

Mmm. Tó deliciosa sensación. Cierro los ojos y dejo caer mi cabeza hacia atrás. Abro la boca como si fuera enalienarme de éxtasis. Hasta quedar bien empachada.

Mark ya tiene la polla fuera y está sacudiéndola mientras sujeta la cámara con la mano libre. Castigo mi raja, lo observo fijamente y luego centro mi mirada en su falo castigado a base de sacudidas.

Resulta tan excitante verlo crecer, enrojecer y ponerse más tieso que una barra de acero. Es una de aquellas cosas que merecen ser estudiadas con atención.

Como quien mira un paisaje o un cuadro. Con tanto entusiasmo casi descuido mi labor. Vengo los dedos bien descontrolados, acariciando mi entrepierna con frucción.

Siento una sensación muy extraña. Estoy muy cachonda al mismo tiempo que avergonzada. El elemento extraño que representa la cámara es como si fuera una tercera persona que me espía en un acto tan íntimo y personal como ése.

¡Uff! ¡Qué calor! Mark, que apenas puede sujetar el aparato que filma, como Dios manda, vuelve una vez más a ordenar. Dime qué te gustaría hacerme si estuviera ahí delante tuyo.

Suelta entre jadeo y jadeo. Pues lo tengo muy claro. Sin detener la paja, me dejo llevar por la imaginación. Totalmente dispuesta a lograr verle correrse.

Si te tuviera aquí delante de pie, te cogería esa polla tan jugosa que estoy viendo desde aquí y te la chuparía. Te haría la mejor mamada que nunca antes te han hecho en tu vida.

Sería todo para mí. Tú no podrías tocarla ni a ella ni a mi cuerpo. Eso iba a ser una sensación de placer para tu polla. Primero te la sacudiría un rato a la vez que te mogrearía los cojones.

Yo sabes lo mucho que me gusta sujetarlos en mi mano. Sentirlos bulleres, muy excitante. Entonces abriría de par en par la boca y me tragaría entero ese pedazo de rabo que tienes.

Primero te lo chuparía de arriba abajo. Le sacaría brillo. Lo dejaría bien presentable. Y seguidamente haría algo que te encanta. Te chuparía el capullo a conciencia hasta que pierdieras el conocimiento.

Con mis dedos te tiraría de los extremos del glande para abrirte la abertura y meterte la puntita de la lengua dentro. Luego, se griría ensemismada en ello.

Con la lengua te rodearía el capullo las veces que hiciera falta. Te iraría de tu polla para arriba y comenzaría a lamarte los huevos. Subiría para el tronco y me detendría en el frenillo.

Esa parte me gusta especialmente. Sóco te excitas mucho si me dedico a hacerle cosquillas a esa parte de tu polla. Y créeme que lo haría tan bien que te iba a costar mucho tiempo olvidarlo.

Estaría así hasta que tu rabo pidiera socorro. Y entonces me quedaría ante ti con la boca toda abierta esperando que me rociaras con tu leche.

Yo sabes cómo me gusta. Me encanta tragarla, sentir el calor de tu esperma, deslizarse por mi garganta hasta el fondo. Sin duda, mi monólogo, surte efecto.

Mark prácticamente pierde el control de la cámara. Dudo que me esté enfocando a mí. Seguramente obtendremos un movido plano de la lámpara del techo.

Tiene los ojos cerrados. Está sudando como un condenado. Y básicamente se concentra en que su paja tenga un final digno de disfrutarse. Yo espero lo mismo de la mía.

Así que acelero mis dedos. Así que acelero mis dedos frenéticamente. Lucho por no cerrar los ojos. Quiero ver a mi compañero tener un orgasmo.

Y por fin ocurre. Mark suelta el tejido y se queda durante unos segundos parado, congelado. Y finalmente el semen sale disparado de su polla.

Cae sobre el sillón y salpica el suelo. Mi paja no podía encontrar una motivación mejor para terminar en un gran final. Después de sentir mi cuerpo estremecerse, consigo correrme como una loca.

Mientras hago esfuerzos titánicos por no apartar la mirada del esperma deslizándose por el sillón. Es algo tan placentero. Días después, tras una experiencia tan agradable, pensamos que viendo el vídeo filmado, entraríamos sin calor para dedicarle otra noche más al desenfreno sexual.

Desgraciadamente, como era de esperar, de lo filmado poco pudimos ver. A causa de tanto entusiasmo, Mark no se había dado cuenta de que la cinta en la que filmaba se había terminado.

Hacía rato y apenas pudimos reírnos viendo mi patético intento de striptease. Así pues, nos dejamos de tonterías. Cerramos el vídeo y nos pusimos a follar. Que al fin y al cabo, de eso se trata, ¿o no?

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