Tengo 40 años y me conservo mejor que una 30añera.
Tengo las piernas largas y
esbeldas, buen pecho y subido de esos que apuntan hacia arriba, un culéter
pingón en consonancia con las tetas y una cabellera negra, rizada, larga y sedosa.
Soy una de esas mujeres con muchas batallas ganadas que gustan a los hombres,
que saben de qué va eso del sexo.
Ellos las prefieren maduras y expertas a
jóvenes sosas y poco dadas al cachondeo.
Yo no pierdo el tiempo.
Cuando veo a un
tío que me gusta me insinúo y se lo digo a la cara y se lo pongo fácil para
que me lleve al huerto.
Hace escasamente unos minutos que he
conquistado a un tipo que, por el bulto de su pantalón, parece estar muy bien
dotado.
Este semental está aquí, a mi lado, sobre la cama y en calzoncillos.
Yo
sin embargo estoy vestida, pero por poco tiempo.
Me quito la blusa y la falda
lentamente y de forma insinuante para que mi compañero se ponga a tono y su
miembro alcance la erección y apunte al cielo.
Tan solo me quedo con las bragas,
que son pequeñas, y me meto la mano dentro para acariciarme el clítoris.
Como me gusta masturbarme delante de un tío apuesto y viril.
Él ya no puede más.
Se quita los calzoncillos y empieza a meneársela poco a poco.
Instintivamente.
No me había equivocado.
Cuando le vi con los pantalones puestos,
está muy bien dotado.
Me quito las braguitas, me echo sobre las sábanas y
abro las piernas porque quiero que me coma la almeja, que introduzca su lengua
por la raja hasta que la punta llegue hasta mis ovarios.
Le ofrezco mi conejo
para que él me lo sabore.
Y de este modo, con estas caricias bucales, ambos nos podremos
muy, pero que muy cachondos.
Con toda seguridad el cunnilingus es el mejor aperitivo para abrir
el apetito a un macho.
Ese sabor salado y el aroma hembra que desprende mi rajita lo
está embriagando hasta el punto que incluso introduce su nariz en el agujero, como si
se tratara de un pene.
El perfume de mujer en celo inunda sus fosas nasales, mientras
que yo, completamente fuera de mí, obtengo mi primer orgasmo.
Sigue, sigue lamiendo, no pares,
cómetelo todo.
Debora ese combunzón rosado de fresa y chocolate.
Oh, qué placer.
Oh,
cómo me estás poniendo.
Deseo que me hagas el amor.
Quiero que me penetres ahora mismo.
No puedo esperar más.
Oh, ya estoy a punto de caramelo, derritiéndome por tu masculinidad.
Fronquea mi feminidad.
Entra dentro de mí.
¿O qué esperas para inundarme?
Oh, ahora la siento,
amor mío.
Oh, noto cómo va adentrándose milímetro a milímetro.
Oh, esa sensación me hace enloquecer.
Oh, estoy a punto de huyar como una loba o gritar como un cochinillol que están degollando.
Oh,
nunca me hubiera imaginado que ese trozo de carne dura que se sumerge en mi gruta me hiciera gozar
tanto.
Empujo fuerte, cariño.
Quiero sentirla toda.
Sigue así.
Me viste con fuerza.
Me viste
como un toro.
Como cada embestida siento como mi columna vertebral fuera a partirse en dos.
Como si una corriente eléctrica recorriera todas las vértebras y acabara en mi cerebro.
Oh, me la está metiendo tan adentro que noto cómo sus testículos golpean en mis nalgas con cada
movimiento.
Oh, qué fuerte.
Qué gustazo.
Estoy temblando como un perrito asustado.
Oh, me daño.
Sí, rompeme en dos.
No quiero que me trates delicadamente.
Fóllame.
Fóllame como una actriz
porno.
Va inala con rudeza.
No pares de moverte.
Arriba y abajo.
Con rapidez y violencia.
¿Sabes por qué estoy disfrutando tanto?
Porque mi amigo la tiene gorda y venosa como a mí me gusta.
Yo debo de ser un poco masoquista.
Esta herramienta me está destrozando.
Aunque es
un dolor que puedo soportar muy bien.
Es una tortura tan agradable.
Va convirtiéndose poco a poco en una
fuente de goce intenso.
No puedo hacer otra cosa que abandonarme a los movimientos del macho que
me posee.
Cierro los ojos y fantaseo.
Me imagino que soy cortejada por todos aquellos supermodelos
que pasan trapitos de marca por las mejores pasarelas del mundo.
Sueño con todos esos
niñatos de abdominales fornidas y largas cabelleras con los que me gustaría pegarme un buen revolcón.
Nunca me acosté con ninguna estrella de cine.
No he con ningún famoso y me da lo mismo.
Pero en mi
cama han pasado días buenísimos.
Chavales que podrían haber ganado una pasta ganza en las entrevistas
y las revistas de moda si algún fotógrafo con talento los hubiera conocido.
Por la cara que pone mi amante,
adivino que está a punto de correrse.
No quiero que lo haga dentro de mí, pues deseo sentir su zumo
sobre mi epidermis.
Dicen que es muy bueno para el cutis femenino.
Quizás ese sea el secreto por el que
me conservo tan joven.
Una indicación mía.
Lo extrae de mi raja con mucha suavidad.
Solo la miro y compruebo que la tiene más dura incluso que antes de follarme.
Bueno, acércate.
Deja que te la agarre con mi mano.
Voy a aliviarte para que pueda regalarme tu semen.
Lo cojo con firmeza y la agito.
Uno, dos, tres, cuatro y cinco movimientos.
El tipo yacula.
Solo en unas gotitas blancas y espesas y yo sigo con lo mío, ordeñando y exprimiendo para que
abierta toda la leche que almacena en su interior.
Parece mentira.
Aunque el tipo es todo un
hombre tón, sus ojos se llenan de lágrimas y llora de alegría mientras se tambalea por
un instante al perder el mundo de vista.
El semen cae sobre mi vientre e inunda mi obligo.
Poco a poco ese líquido va deslizándose por la barriga hasta pringar los pelos de mi pubis.
Está fresquito y caliente a la vez.
Me encanta su tacto pegajoso a cola de impacto.
Rostriego
mi mano por él y lo extiendo por todo mi cuerpo.
Su olor tan característico me fascina.
El suelo
es mi perfume favorito y mi loción predilecta para el cuidado del cutis.