Relatos Hablados

A follar si queréis trabajar

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Mi jefe me contrató porque estoy muy buena y tengo carita de guarra. Un día me dijo que la renovación de mi contrato dependía de unos trabajillos extras que debía hacer. Pero yo no soy del todo tonta, así que escuchad este relato si queréis saber lo que ocurrió.

Mi jefe me contrató porque estoy muy buena y tengo carita de guarra

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Voz por BellaPerrix
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Estoy muy contenta con mi trabajo de secretaria, pero no puedo decir lo mismo de mi jefe. Tiene unos 40 años, es alto atlético, luce encima de los labios un bigote de esos gordos y tupidos.

No tiene nada que envidiar al que llevaban varios de los miembros de los Village People. Vamos, uno de esos mostachos que se estilaban tanto en los 70.

He de admitir que es bastante guapo de cara y que el mostacho le favorece mucho. Además, su pelo canoso le hace irresistible. Menuda joya de marido sería si no fuera porque no hay quien le soporte.

Si por lo menos estuviera callado, cada vez que abre la boca acaba faltándole el respeto a alguna mujer. Es un misógeno y un machista. Mi jefe es uno de esos ejecutivos agresivos chapados a la antigua.

Piensa que pueden hacer cualquier cosa mejor que una mujer por el simple hecho de ser hombre. Ha tenido un montón de secretarias bajo sus órdenes y la mayoría no le han durado ni un año.

Su forma de elegirlas suele ser bastante peculiar ya que acostumbra a colocar sus rolletes. Primero, se lia con alguna jovencita que no supere los 25 años.

Salen juntos, van al cine, a cenar, a bailar, etc. Cuando ya llevan un tiempo de novietes, entonces le ofrece la posibilidad de que sea su secretaria.

Así puede besupear a alguien en el despacho y pegar algún polvete entre balance y balance. Lo mejor de todo es que la muchacha trabaja de secretaria y de amante por un solo sueldo.

Mientras espera en vano, el día en que se formalice su relación con un anillo y un sí en el altar. Esa fecha no llega nunca y cuando Pedro se cansa del juguete se distancia.

En ese periodo se enfada con la muchacha por cualquier tontería y hace la vida imposible en la oficina y fuera del trabajo pasa de ella. Naturalmente la joven acaba por cansarse y dejar el empleo.

Mientras dura el proceso él ya se ha buscado una de repuesto. Yo soy una excepción pues entré en la oficina por un anuncio en la prensa y sin haber conocido antes a Pedro.

Parece ser que le pillé en una época tonta en que quería descansar de tanto lío amoroso y concentrarse más en el trabajo pues las cosas en la compañía no iban demasiado bien que digamos.

Soy eficiente y tengo un buen currículo a mis espaldas y a pesar de ello debería estar fregando platos, guisando y pariendo hijos según él.

No cabe duda que me contrató porque estoy muy buena y tengo carita de guarra. ¿Qué le vamos a hacer? Tengo el físico que pone a los tíos. Desde que entré a sus órdenes no ha parado de acosarme.

Siempre pasa cerca de mí con cualquier excusa para tocarme el culo con dissímulo. Unas veces lo hace con la mano y otras me roza con el paquete.

Llevo un par de meses como su secretaria y un par de semanas con proposiciones deshonestas. Y hace un par de días me dijo que si era cariñoso con él podía ganar un dinerito extra.

Me hice la loca y no quise dar mayor importancia a su insinuación. Quise creer que se trataba de una broma. Luego al irme a casa le estuve dando vueltas a la cabeza y llegué a la conclusión de que ya que le gustaba tanto la chirigota iba a idear el modo de divertirme a su costa.

Accedí a la propuesta pero antes escondí una cámara de vídeo en el despacho para grabarlo todo. Cierto día Pedro me encontró sentada en el sofá y con una falda muy corta de esas que dejan ver bien los muslos.

Él se sentó a mi lado casi agachándose hacia mí. A pesar de que el sofá es lo suficientemente amplio se pegó como nos podéis imaginar. Al sentarse cologo la palma de la mano sobre mi rodilla mientras me preguntaba por los informes que le había pedido el director.

Los tenía sobre mi falda y se los entregué. Él sin moverse de mi lado les echó un vistazo mientras no perdía detalle de mi escote tan abierto y pronunciado que mostraba con claridad que no utilizo sujetador con relleno.

La tela de la blusa tapaba un poco más arriba de los pezones y dejaba casi al descubierto los senos. Pedro se estaba poniendo cachondo contemplando aquella panorámica y sin poder contenerse por más tiempo se abalanzó sobre mí me levantó las faldas y colocó sus zarpas en las nalgas.

Iba a violarme y yo me iba a dejar. Estaba fuera de sí y quería follarme. Me arrancó las bragas salvajemente y puso la palma de la mano en mi sexo mientras intentaba introducir varios dedos en la raja.

Esperaba encontrar aquella zona húmeda y mojada y se llevó una gran decepción. Yo no estaba para nada excitada. Como no abrí la boca ni grité ni le monté un escándalo se armó de valor y siguió adelante con los tocamientos.

Enseguida se bajó los pantalones para mostrarme muy orgulloso el pene en plena erección. Me quedé inmóvil y esperé su siguiente paso. Acercó el miembro a mi boca y me dijo que se lo chupara bien que de ello dependía mi renovación en la empresa.

Le pedí que repetiese lo que había dicho más claro y más alto y luego diferó que si se la mamaba con dulzura me haría fija. Me la tragué hasta los testículos y le permití que entrara y saliera de mi garganta sin manifestar mi excitación, mi interés, mi voluntad de pasármelo bien.

Tenía que actuar un poco, mostrarme fría y distante, más pasiva que activa, si quería que el vídeo que estaba grabando tuviera cierta credibilidad.

Le había tenido una trampa para conseguir que expedientaran a aquel mamón. Dejé que me follara la boca mientras ponía cara de asco como si aquel acto me provocara arcadas.

El muy cerdo me tenía ganas así que poco le importaba mi opinión. Sin pensárselo dos veces, liberó el pene de mi garganta y se lo hundió en la vagina.

Me intenté concentrar y distraje mis sentidos pensando en el trabajo de la oficina. Aquel miembro me estaba proporcionando mucho placer e iba a conseguir que gimiera.

No, no le iba a dar ese gusto, ese puerco y más teniendo en cuenta el motivo por el cual se lo estaba permitiendo. Pedro quería atravesarme a lo bestia y por ese motivo me agarraba con la mano y tiraba de ella con fuerza para intentar introducírme hasta el fondo.

La tenía tan dura como el acero y tan gorda que me costaba entrar. Hubo un momento en que frenó sus movimientos, temí que se hubiera corrido.

Nada de eso. El sacó con mucho cuidado para poder lamerme la vagina. Lo bífrico con saliva antes de introducirla de nuevo. No le costó mucho meterla otra vez, no le puse resistencia.

La verdad, aunque me pese reconocerlo, lo estabas esperando. Culeó un par de veces más y puso los ojos en blanco. Esta vez sí que estaba a punto.

Quería correrse sobre mis pechos con el único fin de mancharme el vestido y así lo hizo, dejando un par de lamparones bien visibles a la altura del escote.

Eso me sacó de quicio. Él por el contrario se rió mientras me comentaba que le pasara a la empresa la factura de la tinto herida. Ríe el último, ríe mejor.

Y ya tengo ahora en mi poder una cinta de vídeo de la que voy a hacer unas cuantas copias que repartiré de forma gratuita entre sus superiores. Así sabrán qué clase de imbécil es el tal Pedro.

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