Relatos Hablados

Chupar y chupar sin cesar

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¿Hay algo más maravilloso en este mundo que chupar una polla? Para mí, no. Y es que, lo que yo tengo con las pollas y con los huevos es obsesión, de hecho, sólo pienso en eso durante todo el día. ¿Puta yo? Que vaaaa.

¿Hay algo más maravilloso en este mundo que chupar una polla

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Voz por BellaPerrix
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Si en estos momentos frotara una lámpara maravillosa y apareciera un genio, tan solo le pediría un único deseo. Me gustaría tener un enorme pene entre mis manos para poder jugar con él, por acariciarlo y agitarlo y notar su crecimiento.

Me gusta sentirlo en la palma de mi mano y tocarlo con los dedos y comprobar cómo se hincha, cómo se le marcan las venas y cómo se pone tan rígido y tieso como una barra de pan a la semana de comprarla.

Ahora que estoy sola y que no tengo un buen macho cerca, me conformaría con uno de esos juguetes de látex con la forma de lo que tú ya sabes, que fuera tan largo y grueso como los penes que a mí me gustan, pero a pesar de cumplir sus funciones, de proporcionar sus buenas dosis de placer y de ser insaciable, no se le puede comparar con uno auténtico.

¿Has visto qué tamaño gastan los actores porno? Son descomunales. ¿Qué se debe de sentir una actriz que hace el amor con uno? Parece mentira que le pueda caber todo eso dentro.

Seguro que disfruta como una loca, que secorre de gusto, que tiene uno de los mejores orgasmos de su vida. Eso es un trabajo y no estar sentada todo el día frente a la caja registradora de un supermercado.

Qué ganas tengo de jugar con uno. Me gustaría chupar uno. El que fuera me da igual, que sea el grande o pequeño, que perteneciera a un hombre blanco, a un negro, a un árabe, a un indio, a un chino o a un extraterrestre.

Me da lo mismo, que se tuerce a la derecha o a la izquierda. Lo importante es que se ponga tan duro como el cemento y que me proporcione tanto calorcillo como el hornillo que utilizan las abuelas para calentarse los pies.

Pero no creas que me conformaría con jugar con él. También quiero que él juegue conmigo. Me encanta que me follan. Me vuelvo loca de placer al sentir que algo me invade por dentro y que entra y sale sin ominar la marcha.

Despacio o rápido, sin prisa pero sin pausa, con brusquedad o delicadeza, con habilidad o con torpeza. Incluso gustándome tanto hacer el amor, prefiero los juegos previos al coito y de entre todos los preámbulos la felación.

No hay nada más placentero en esta vida que comer una polla bien calentita. No sé, quizá tenga un clitoris en la garganta, en lugar de la campanilla.

Pero es que cada vez que chupo una, me salen los colores en las mejillas y me sube un calorcillo por dentro que me derrito consiguiendo que acabe con la frente empapada en sudor.

Ya de pequeñito me pirraba por la mero una buena piruleta y con la edad cambié los dulces por lo salado. Me chifla pasar la lengua por todo ese tronco y saborear su delicioso sabor a carne.

Se me hace la boca agua y me llena de saliva, tan solo imaginármelo. ¿Con qué gusto devoraría una que fuera bien gorda, larga, venosa? De Frankfurt del país un simple choricillo.

Me da igual, pero que tenga mucho pelo en la base y que huela hombre. La cogería con la mano derecha y la agitaría para que fuera empalmándose, para que creciera hasta no caberme en la boca.

Una vez ya bien dura, lo descapullaría, bajaría la piel del prepucio hasta dejar al descubierto al glande y pasaría la lengua por su abertura.

Mientras lo hago, agarraría el escroto con la otra mano para palpar los testículos con firmeza, pero sin causar daño alguno, aunque apretando lo suficiente, como para cambiarles el color del rosa al morado.

Estaría tocando ese par de pelotas de ping-pong mientras me muriendo el resto del campo hasta conseguir pringarme los labios de blanco. Hay que ver cómo me he puesto con tanto pensar en una buena comida de rabo, y no precisamente de toro.

Estoy salidísima, estoy completamente mojada, con los labios vaginales super hinchados y el orificio vaginal tan resbaladizo por mis jugos como el tobogán de un parque acuático.

Ha llegado el momento de que juegue con mi cuerpo y de que me libere del sujetador, palpe mis peras y el resto de la cesta. Tengo un par de frutas gordas y maduras que van poniéndose más duras mientras les subo y acaricio.

Tengo los pezones como lanzas en punta y tan hinchados como el resto de mis tetas. ¡Uff! ¡Qué caliente estoy! No aguanto más, quiero introducirme a algo, jugar con mi clítoris, acariciarme la vulva.

Voy a hacerlo, voy a hacerlo. No me lo pienso dos veces. Me quito las bragas, me abro de piernas y me acaricio. Me toco el coñito, ristriego la palma de mi mano contra la abertura y la froto.

Así, así, muy suavemente. Voy a correrme, voy a correrme, ya no puedo más. Necesito introducirme algo, sentir que un objeto se pasea por mi agujero.

Sí, aquí tengo cerca uno de esos vibradores a pilas, uno de esos tubos cilíndricos que vibran a diferentes velocidades. No es muy grande, tiene el tamaño justo para darme mucho placer.

Y es lo suficientemente pequeño para introducírmelo por el culo, si es que me apetece. Soy muy estrecha por atrás y no suelo meterme nada, salvo cuando estoy muy, pero que muy cachonda.

Ese pequeño jalo tengo muy poco dilatado, así que tengo que ir con cuidado cuando decido franquearlo. Hasta ahora solo me ha introducido el vibrador que tengo en la mano.

Ningún tío me ha sodomizado hasta la fecha y quizá nunca lo hagan, pues con la buena penetración vaginal me doy más que satisfecha. Hay que reconocer que a pesar de mi fogosidad soy un poco anticuada, tampoco deseo complicarme la vida por lo que juego yo solita.

También me da bastante placer y en ocasiones supera el que pueda proporcionarte un mal compañero. Cuando te llevas a alguien a la cama por primera vez, nunca sabes con lo que te vas a encontrar.

Quizá sea bastante patoso y lerdo y no se va a hacer con eso que le cuelga. Y puede que mueva el culo del mismo modo que un reumático. Mi mano se mueve siempre al ritmo que yo le indico y con el vibrador nunca tengo problemas.

Con cambiarle la velocidad me basta. ¿Sabes dónde tengo ahora este aparatito? Pues sí, justo ahí lo has adivinado. Lo has adivinado. ¿Dónde debe de estar?

Que es apuntando a la diana. Lo introduzco suavemente hacia mi interior con la mano derecha. Sí, lo empujo así, así, muy despacito. Me gusta sentir cómo va entrando.

Así, así, ya entra. Lo tengo todo dentro de mi coño. Ahora enciendo su motor y empieza a vibrar. Qué bien. Qué gusto me da. Sin moverlo de su sitio.

Me acaricio el clitoris. Con la otra mano. Después me pellizco un pezón. Tengo las tetas como dos rocas. Grandes, duras y tiesas. Ya no puedo más.

Voy a sacarme el vibrador y voy a volvérmelo a meter. Lo saco y lo entro. Lo saco y lo entro. Lo saco y lo entro. Lo saco y lo entro. Lo saco y lo entro.

Lo saco y lo entro. Lo saco y lo entro. Ya me viene. Cómo me está poniendo este juguetito. Estoy completamente empapada. Estoy sudando como una cerda.

Y eso que hoy hace un frío que pela y no tengo encendida la estufa. Estoy completamente cachonda jugando con el vibrador. Y lo que quiero es una buena polla.

Sí, lo meto. Y ahora lo saco. Ahora lo saco. Lo meto. Ahora lo saco. Lo meto. Lo saco. Lo saco. Me corra. Ufff, tendré que dejar de jugar por un buen rato o me voy a poner tan caliente que saldré a la calle para tirarle los tejos y hacer proposiciones deshonestas al primer hombre que vea y eso no está bien pues es este tipo de cosas que no hacen las chicas decentes y yo aunque no te lo creas soy muy decente aunque me guste tocarme de vez en cuando

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