Relatos Hablados

El putón de mi prima

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Mientras te estoy contando este relato, la puta de mi prima está aquí a mi lado masturbándose el coño. Me lo monto con ella desde hace tiempo, se llama Raquel y está muy buena, además, eso de que sea mi prima añade mucho más morbo al asunto, ¿no creeis?

Mientras te estoy contando este relato, la puta de mi prima está aquí a mi lado masturbándose el coño

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Voz por BellaPerrix
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Hola, ante todo quiero darte las gracias por estar al otro lado. Soy una muchacha rubia de unos 30 años y con un bonito cuerpo a juzgar por cómo me miran algunos hombres.

Me encanta excitar a los tíos, animarles la vara con mi berborrea y mis gemidos. Lo que también me vuelve loca es montármelo de bollera con mi primita Raquel, una chica de pelo rojizo y una piel blanca como la cal, repleta de pecas tan suave como los polvos de talco.

Ella es más bien alta y espicada y tiene poco pecho, aunque un culo gordo y mullido cuando derrite la mantequilla. La señorita está aquí en estos instantes junto a mí.

Como es un poco tímida y no le va eso de hacer el amor en presencia de otros, no esperes que te cuente algo. Además, es una muchacha de pocas palabras y si abre la boca es para dar un buen morreo con lengua o con más reselo que tú ya te puedes imaginar.

Raquel es un diablillo y siempre está con el motor encendido dispuesta a batir las decenas de huevos necesarios por hacer una tortilla de divierte masturbarse.

De hecho, mientras estoy hablando contigo, ella acaba de quitarse toda la ropa por abrirse de piernas y acariciarse. Ahora coge un vibrador plateado, plástico rígido y rugoso, largo y muy delgado.

Con la intención de introducírselo pasa el plástico por los labios mayores y menores, se detiene en la raja y se penetra a sí misma. Se quilaba la punta y empuja con firmeza y decisión para que entre todo.

¡Oh, cómo se masturba la muy cochina! Me está dando envidia, yo también quiero jugar con mi coñito. Bajo la cremallera de la falda y la dejo caer al suelo.

Me desabrocho los botones de la blusa y me la quito. Me descalzo y me deshago de las bragas y los sostenes. Yo estoy completamente desnuda y dispuesta a pasármelo en grande con una buena sesión de caricias femeninas.

Me dirijo hacia mi prima, que está disfrutando con el vibrador como una posesa. Se lo ha colocado en la entrada del coñito por ir encojonándolo en el interior poco a poco.

No puedo contener mis manos, voy a tocarle los pechos. Quiero comprobar si le han crecido desde el último día que se los chupé. Se los noto más gordos y los pezones en punta.

Está tan mojada que se le ponen duros por momentos. Me encanta mordernos las telas, chuparlas y besarlas. Hay nada más placentero para una mujer que lo toque en un oculto tan sensible.

Te lo puedes creer. Yo estoy sobándole los limones. Ella acaba de coger el vibrador, lo está metiendo por el culo. Hoy me hace daño. No, no, no pares.

Lo iré y sigue. Empuja fuerte. Quiero que me traspases mi ojintar para sentirlo brigando dentro de mi recto. Quiero que me partas en dos. Este vibrador es fantástico.

Sí, sí, cariño. Continúo jugando con ese trozo de plástico a pilas. Lo quiero todo dentro. Por a par. Te me vas a matar de gusto. No le introduzcas todo.

A ver si te has creído que es un sumositorio. Déjalo ahí, quieto. Pudre el sol mientras yo buceo un poco para absorber los jugos de tu mujer.

Qué coñito más sabroso tienes, ladrón. Estás heladita como a mí me gusta, empapado de jugos. Le estoy lubricando bien el túnel porque quiero meterle por delante lo que ella me metió por detrás.

Deseo que ella también goce como yo acabo de gozar con ese traste enchufado en el interruptor trasero. Me saco el vibrador con mucho cuidado y una vez fuera le paso un paño húmedo para limpiarlo un poco.

Luego lo embadorno de lubricante como Raquel es un poco estrecha. Creo que lo va a necesitar. Ella mismo me coge el juguete y lo pone en la verdura de la vagina.

Yo se lo empujo hacia dentro con la lengua. Le chupo el clítoris al mismo tiempo. Me la estoy follando como nunca. Ella se lo está pasando tan bien que no para de moverse.

Por los ojitos de satisfecha que pone me parece a mí que acaba de correrse. Como no es justo que se me disfrute una me levanto y me voy a mi habitación Yo buscaba un doble consolador.

Se trata de un trozo de látex grueso y largo y tiene dos puntas. Imagínate que los penes grandes y hermosos estén unidos por la base, es decir, por los testículos.

Un invento así es ideal para que dos féminas puedan penetrarse mutuamente y a la vez sin tener que acertarnos. Ya estoy en mi habitación. Como gire mi prima, debo de seguir jugando con el vibrador.

Como he de tamita caña, le voy a jotar las baterías. Lo busco en los cajones y por fin lo encuentro. Es enorme. No sé si se la voy a poder meter.

Bueno, será cuestión de probarlo. Regresó con mi prima, la miro fijamente y le enseño el nuevo juguete. Al ver esa monguera de látex color carne se le ilumina la cara.

Me dice que una cosa tan larga no le va a caber. Yo le respondo que no se preocupe, que vamos a compartirlo. Y lo que no le entre a ella no va a entrar a mí.

Como es muy estrecha, me propone que se lo introduzcan al mente poco a poco y con paciencia. Ese tubo va traspasando el pequeño agujero que parece querer resistir el asedio, sin darnos apenas cuenta.

Ya tiene más de la mitad dentro. Teniendo en cuenta el gran tamaño de ese doble consolador, eso es un buen trozo. Me pide que pare y me pregunta si pretendo sacárselo por la boca.

Como la muchacha ya está llena de goma, me tiro sobre el sofá a su lado, coloco el trasero en pompa y me autosodomizo con el otro extremo. ¡Qué bien!

¡Cómo entra! ¡Qué gustoso me da! Nuestros culos van engullendo con gula cada centímetro de plástico hasta que nuestros glúteos chocan entre sí.

Como noto el canto de raquero. Está súper enérgico. Me da la gana. Vuelvo a introducir el vibrador. Mientras sigo coleando con la intención de escapar más trozo de látex y llenarme el trasero, casi pierdo el conocimiento con esa doble penetración.

Me pide que me iría a caminar. Siento el ajetreo en su interior, como si ese tubo largo que poseemos en común fuera un cable telefónico que sirve para comunicarnos y compartir nuestros orgasmos.

Es como si fuéramos dos hermanas y a mesas unidas por el ano. Bastillamos al unísono, gritamos de dolor al mismo tiempo, amigos al compás y nos movemos con el mismo ritmo.

Somos una misma mujer, pero con cuatro pechos, dos chochitos y una misma columna vertebral. La sensación de tener todo eso bailando en nuestro interior es indiscretible.

La curiosidad me lleva a colar mis dedos por el interior de mi vagina y palpar como ese cilindro para mi interior. Es como tener una serpia vente anaconda buscando la guarida de su presa, un dulce y agradable reptil de plástico que nos provoca más varios sufocos.

Raquel y yo decidimos hacer una pausa, tomarnos un respiro. Lo cierto es que nosotras ya hemos gozado lo nuestro. Espero que tú también. ...

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