Relatos Hablados

Obsesionada con el sexo

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Nunca he sido dada a mantener largas relaciones con los hombres. Me aburren. A mí lo que realmente me gusta de ellos es la polla, estoy obsesionada con las pollas y con el sexo en general, por eso, a falta de pollas de verdad, agarro el super-vibrador que tengo y me lo monto con la cachonda de mi vecinita, que está buenísima y es tan viciosa como yo...

Nunca he sido dada a mantener largas relaciones con los hombres

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Voz por BellaPerrix
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El verano ya se acaba, por lo menos las vacaciones. En cuanto al calor, todavía nos quedan algunos días para sudar la gota gorda e ir con poca ropa por la calle y algún fin de semana a la playa.

Aunque ya pasó la temporada del desenfreno, la noche loca, los combinados, las discotecas y el ligoteo. Aún quedan guiris para un revolcón rápido y sin complicaciones.

¿Qué quieres que te diga? No es que me vayan los hombres de importación. Simplemente ellos aceptan de buena gana que son el rollo de una noche o de una tarde.

Regresan a su país y te olvidan. Odio que después de hacer el amor con un desconocido, éste te dé el coñazo para repetir la experiencia. Sí, es cierto, me encantan los tíos.

Y me chifla aquella parte anatómica que les diferencia de las mujeres. Se me hace la boca agua tan solo pensar en un buen miembro, como esos que aparecen en las películas de vídeo que suelo alquilar.

Si tuviera uno delante, lo agarraría suavemente con la mano, lo descapullaría, le daría un buen beso en la punta y lo damería hasta que vertiera el relleno.

Ojalá los penes no estuvieran adheridos a los hombres. Los tíos suelen complicarte mucho la vida. Y yo, francamente, paso de liarme, de tener movidas y malos rollos porque un tipo esté colado por tus huesos y no te deja en paz.

Como si fueras de su propiedad. A mí me gusta ser libre, no estar atada a nadie, aunque en algunos momentos tenga ganas de mimitos y de un pavo alto y musculoso que me ponga tono.

Bueno, lo cierto es que tengo ganas de jugar con su herramienta. En estos instantes me introduciría una por mi agujero más estrecho. No, mejor por delante, que da más gusto.

¿Sabes? ¿Sabes lo que voy a hacer? Voy a echar mano de este enorme consolador que tengo cerca para meterme entre las piernas y así quedarme bien satisfecha.

¡Qué gordo y blandito está! Es de color rosado, como uno de verdad. Me chifla este tipo de juguetes. Son mucho más divertidos que las videoconsolas y también tienes que hacer ejercicio con las manos.

Ahora voy a meterme este enorme trozo de plástico, pero antes le pediré a mi vecina si quiere que lo compartamos. Sí, ya desde niña me gustaba compartir mis juguetes, eso es algo que me inculcaron en la guardería.

Mi vecina es una muchacha alta, morena, de pelo negro y un par de tetas que cortan la respiración. Jóvenos globos tiene, son blanditos y esponjosos, y no como esos pechos de silicona duros y acartonados.

Además, no tengo que avisarla por teléfono ni ir a buscarla, porque esa pequeña zorrita está aquí, a mi lado, tocándose por encima de las bragas.

Me está poniendo muy, pero que muy cachonda. Sí, es cierto, me gustan los hombres, pero también el sexo y a falta de pan, buenas son las tortas y el tortilleo.

Mi vecina y yo nos llevamos muy bien, jugamos entre nosotras y no nos comprometemos a nada. Después de haber gozado, nos vamos cada una a nuestra casa y hasta la próxima vez.

Hoy le tengo preparada una grata sorpresa, tengo en la nevera una cacerola inmensa repleta de nata de pastelería. Es suficiente como para embadurnarnos y todavía sobra para el almuerzo de mañana.

Mi amiga es tan golosa que cuando le menciono la palabra nata se le abren los ojos y también se le abren las piernas. Lo he dispuesto todo en el comedor para el revolcón.

Ella está impaciente, así que no se ha hecho de rogar y ha empezado a quitarse la ropa. Está muy caliente, tanto como yo en estos instantes.

Al ver la cacerola rebosante de nata ya sabe a qué vamos a jugar. No tengo que decirle nada, por lo que me tomo encima de la mesa con la mirada fija en el techo, dispuesta a todo, incluso a que me introduzca mi enorme vibrador por el culo.

Ella me levanta las piernas y me las dobla, me quita los zapatos, me sube la falda y me quita las bragas, me separa los mulos y me moja el coña con saliva.

Mi amiga unta uno de sus dedos con nata fría y separa con la otra mano mis labios mayores para cubrir toda la raja. Luego introduce el dedo poco a poco, mientras siento la frialdad de esa sustancia espumosa en mi interior.

¡Qué fresquito! Ahora que estoy jadeando de placer, mi vecina se inclina sobre mi rostro y me besa apasionadamente en la boca. Introduce la mano en la cacerola y agarra un buen puñado de nata para extenderlo sobre mis pechos, mi ombligo y el monte de venos.

Tengo el chocho impregnado de nata que poco a poco se va derritiendo dada la temperatura de la zona. Los pelos de mi pubis están blancos y pringosos.

Ella me los va a limpiar con su lengua, la pasa por arriba y por abajo como si se tratara de un cepillo para la ropa y cuando llega el clítoris se entretiene con él.

¡Sí! ¡Cómo me gusta lo que estás haciendo! Para que veas que no soy ninguna desagradecida, voy a devolverte esa comida de coño tan tórrida.

Ella me sonríe mientras acaba de quitarse el sujetador y se echa sobre la mesa. Está completamente desnuda, sin nada y muy cachonda porque tiene los pezones en punta como si fueran de piedra, casi casi pinchan y todo.

Se los muerdo hasta que se ponen morados. Mientras le acaricio con la mano izquierda, los pechos con la derecha agarro el super vibrador y lo hunto de nata.

Sí, así se lo introduzco bien adentro. Tiene los ojos en blanco, eso es que le gusta. Gime, gime, mientras te meto esto, pero estáte quieta, deja de moverte, que cada vez que te penetro, has de cerrar las piernas, así no voy a poder follarte bien.

Me pondré de cuclillas sobre tu boca y me lo comerás mientras te doy con el vibrador. Ah, que bien lames. Sí, toma. Bien adentro. Para que no te quejes.

Sí, así sigue chupándomelo. Cacochunda, me pones. Sí, me pones a cien. Cómo te gustan los coños, cómo te gusta que te metan cosas. Y qué lengua tienes.

Tendremos que parar. Estoy toda sudada y todavía hace calor para ciertos juegos. En cuanto a la nata, lo voy a guardar rápidamente en la nevera, no sea que se estropee. Así podemos jugar con ella otro día.

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