Relatos Hablados

Juegos de sexo y azar

0:00 / 8:07

Soy una chica muy aficionada a los juegos de azar, y de entre todos los juegos que me gustan sobresale por encima del resto el strip póker. Porque eso de despelotar a mis oponentes me pone y si estos son mujeres, entonces me vuelvo loca.

Soy una chica muy aficionada a los juegos de azar, y de entre todos los juegos que me gustan sobresale por encima del resto el strip póker

35 escuchas

Voz por BellaPerrix
📜 Ver transcripción (se sincroniza con el audio)

Aunque no me considero una ludópata, he de confesar que me chiflan la lotería, el sorteo de la once, las máquinas recreativas con premio metálico, la ruleta y todas las apuestas en general.

Pero lo que más me pone son los naipes, especialmente el poker, uno de los juegos de cartas más excitantes y adrenalínicos que existen. En el poker se combina la suerte y el saber jugar en la sangre fría del jugador.

Hay que preparar la estrategia por si se tira un farol. El truco está en dominar psicológicamente al resto de los miembros de la partida. Controlar la situación y tragar saliva cuando uno se marca un farol.

El juego se vuelve mucho más electricante a medida que van aumentando las apuestas. Y si en lugar de dinero se imponen castigos o se pagan prendas, la partida puede ser todavía mucho más electricante.

Si cada vez que palmamos nos toca quitarnos algo de ropa, sudaremos de lo lindo, mientras nuestra temperatura alcanza cotas muy altas. Estoy hablando de esa modalidad que todos conocemos como strip poker y cuyo aliciente está en desnudar al contrario.

Para jugar una partida de este tipo hay que rodearse de gente que esté dispuesta a llegar hasta el final y no se corte a la hora de quedarse en pelotas.

Todo ello puede ser el preámbulo de una orgía, por lo que hay que reclutar jugadores que nos atraigan físicamente, que nos den cierto morbillo o que por el contrario detestemos tanto que deseemos humillarlos.

A mí lo que me pone son las tías. Soy lesbiana, ¿qué le vamos a hacer? Y por eso prefiero jugar con mujeres a las que en un momento dado no les parezca mal enrollarse entre ellas.

De vez en cuando los sábados por la noche me reúno con un par de amigas. Son altas, guapas, esculturales, con pechos generosos y firmes, piernas largas y un culo redondo y jugoso y duro.

Ambas están casadas. Sí, son lesbianas por afición y bisexuales convencidas. Siempre que les reparto las cartas acabamos pegándonos el lote, por lo que jugar con ellas al street poker podría considerarse como un mero formalismo y casi algo rutinario.

¿Qué emoción hay en desnudar al contrario si lo hemos visto desnudo en un montón de ocasiones? Para darle un poco más de aliciente a la partida, hemos decidido que la ganadora se queda con la ropa interior de las demás.

Cada vez que decidimos quedar, vamos a una tienda de lencería y compramos un modelito. Tiene bastante morbo eso de intentar adivinar de qué color y de qué marca serán las bragas y el sujetador de tus oponentes y si nos quedará bien en el caso de que lo ganemos.

Lo cierto es que hace tanto tiempo que jugamos a esto que las tres tenemos los cajones repletos de prendas íntimas, casi casi por estrenar.

Aún así nos esforzamos en ganar. Ninguna de las tres quiere ser la primera en quedarse completamente en bolas, aunque nos pongamos cachondas.

Cuando descubrimos que nuestras cartas no ligan entre sí. Generalmente, tras habernos descalzado, quitado la blusa, la falda y el sujetador, pasamos por completo de la baraja francesa para iniciar unos juegos todavía más excitantes, como son los áficos.

Ana es la más fogosa y quizá por ello se ha teñido el pelo de la cabeza y del pubis de un color rojo cobrizo. Le encanta tomar la iniciativa y siempre se lanza sobre Rosa.

Le mete mano en sus grandes y suculentos pechos, que se agrandan todavía más ante las caricias y los besos. Yo prefiero permanecer un poco al margen, contemplar cómo retozan y empezar a jugar con mi conejito.

He de confesar que me gusta mirar. Ambas se revuelcan por la alfombra hasta que Rosa acaba con la cara enrojecida y los pezones erectos y el coño muy mojado.

En esos instantes, las amigas inician un torre y 269. Se devoran el sexo mutuamente la una a la otra, centrándose en el clítoris. Mientras sus manos palpan y exploran las zonas erógenas, se lamen como gatas y se lo pasan tan bien con sus carantoñas, que me da un poco de corte unirme, ya que no quiero ser la tercera en discordia.

Ellas conocen mi buena educación, saben que no me lanzaré al ruedo si no me invitan, por eso me piden siempre que me incorpore. Me cuentan que en el amor quizás dos sean compañía y tres multitud, pero en lo concerniente al sexo, cuantos más, mejor.

Nunca me hago de rogar, me me estiro sobre la alfombra a su lado para iniciar una tanda de besos a tres que nos pone muy a tono. Si supieran sus maridos cómo se divierten sus queridas esposas cuando ellos no están presentes, he de reconocer que son buenos tipos, aunque bastante conservadores, nunca que aprenderían nuestra afición a las cartas, todo lo contrario de sus mujeres que son tan modernas que incluso son bisexuales.

Ambas le dan a tortilla con tal convicción que parece que les den asco a los hombres, se lamen, se besan, se tocan con tal deseo que a menudo he pensado que se amaban.

No creáis que estoy celosa, pues cada vez que me abro de piernas y les ofrezco mi chichi, se amorran a él como si fuera de chocolate. Mis dos amigas se lo disputan a lengüetazos con gran ansia, lo lamen como si fuera un sello de correos con poca cola, en ocasiones cuando ya no queda espacio para las dos.

La que se queda afuera se entretiene con otro manjar casi tan apetecible, me refiero al agujero del culo. Con gran habilidad su lengua franquea esa puerta trasera y penetra en su interior, mientras soy sondomizada me chupan y me muerden las tetas que se ponen tan duras que creo que me van a estallar como un globo.

Si jugar a los naipes puede llegar a ser tan divertido, jugar con mi colección de controladores aún lo es más. Esos juguetes de plástico duro y látex tienen diferentes formas y tamaños y todos vibran con un motor que va pilas.

Ana y Rosa eligen uno y se lo introducen por donde les dan más placer. Se masturban a sí mismas y se masturban entre ellas, se penetran con esas barras de goma y para darse más gusto se entretienen a lenguetazos con el clítoris de la compañera.

Las tres nos acoplamos a la perfección y nos metemos esos cacharros, mientras nos besamos y le damos a la lengua. Nuestros jueguecitos lésbicos se prolongan hasta altas horas de la noche.

Rosa y Ana salen de mi apartamento con la salida del sol y regresan a casa con una gran sonrisa de satisfacción por supuesto. Qué evidencia lo mucho que han disfrutado con esta variante del póker donde nadie pierde y todos ganan.

📝 Tu nota privada

Ver todos los relatos →

Relatos similares

Ver todos los relatos →

Atajos del teclado

Espacio
Reproducir / pausar
Retroceder 10 segundos
Avanzar 30 segundos
T
Modo trabajo
?
Mostrar este panel
Esc
Cerrar este panel

Y un secreto: ↑↑↓↓←→←→BA