Siempre me ha gustado probar cosas nuevas, me entusiasman las novedades y me canso con
lo de siempre, aunque lo de siempre está francamente bien.
Lo mismo me sucede con los
trabajos, cambio de empleo como de ropa interior.
En cuanto al sexo, la cosa no estaba de ir
de flor en flor, ni de novio en novio.
Últimamente me daba igual que fueran jóvenes o maduros,
guapos o feos, altos o bajos, de raza blanca, asiática o negros.
Seguramente me planteaba
en serio optar por otra tendencia sexual.
Una tiene sus propias fantasías, que en ocasiones
quiere realizar y que van más allá del simple coito heterosexual.
He de reconocerlo.
En
ese sentido soy un poco morbosa y ya no me satisface el pólvete de siempre, ni tampoco
me pierde un pene por grande que sea.
He disfrutado con tantos diferentes, de distintas
formas y tamaños e incluso colores, que ya no me ponen como al principio.
Quizá fuera
por la desidia, por el aburrimiento o por la curiosidad, pero lo cierto es que me apetecía
mucho cruzar la cera para vivir una historia con una fémina e iniciarme en el lesbianismo.
La candidata se llamaba Lisa, una joven de pelo o castaño un poco gordita con bastante
pecho, carita de niña y lesbiana militante.
Quedé un par de tardes con ella y no me costó
demasiado llevármela al huerto.
Con ella disfruto hasta límites insospechados y me
pongo bizca al comerle a sus pechos gordos y jugosos como melones y dolomarle el chichi
y de restregarme contra sus carnes rollizas y firmes.
Cada vez que pienso en ella me excito
de tal modo que he de masturbarme para calmarme y de reconocer que ambas nos lo pasamos estupendamente.
Pero lo cierto es que a pesar de que me va mucho esa chica, su hermano también me pone
y mucho.
Es un tío guapo, pero guapo de verdad y muy bien dotado.
Con Lisa me lo paso muy
bien, pero ya te he dicho que soy muy inquieta y siempre quiero más.
Su hermano es el complemento
perfecto a nuestra relación.
Una noche después de un buen revolcón se lo planteé.
Le confese
que no era lesbiana, que como mucho bisexual y que su hermano me gustaba.
También le comenté
la posibilidad de una relación a tres porque sentía algo especial por ella y no quería
perderla, pero que me había encaprichado de su hermano y que estaba hecha un lío.
Ella me respondió diciéndome que lo comprendía y que lo aceptaba porque yo también le gustaba
a él y lo que me preocupara pues que tranquila, que ella lo iba a arreglar todo para celebrar
un trío en toda regla.
Nos reunimos los tres en mi casa sin ninguna excusa, pues todos
sabíamos a lo que íbamos.
Así que nos desvestimos apresuradamente por el pasillo,
tirando la ropa por el suelo y llegamos al dormitorio.
Allí nos acabamos de quitar las
pocas prendas que nos quedaban y así nos quedamos completamente desnudos.
Nos tiramos
en la cama.
Yo me abracé a Lisa.
Nos acariciamos mutuamente y nuestras bocas se juntaron.
Las
dos lenguas se buscaban la una a la otra y se entrecruzaron como cordones de zapato.
A mi compañera de caricias le encantaba morderme el culo.
Lo hace con rabia y energía y siempre
me deja las nalgas amortadas hasta imprimir la huella de sus dientes en mis glúteos.
Yo
también ejerzo de tiburona y disfruto lo mío pegando mordiscos.
Esa noche le mordí
las mejillas y miré de reojo a su hermano.
Ante esa visión me apeteció más pegarle un muerto a su
miembro viril que estaba ya en plena erección.
Me abalancé sobre él, lo aprisioné con la boca y
chupé como si se tratara de una pajita para sorber refrescos.
Lo hacía con verdadera gula y
impaciencia.
Me proporcionaba tanto placer aquel trozo de carne en la boca que empecé a tocarme
el sexo, a jugar con él y a masturbarme.
Interrumpí ese íntimo toqueteo al notar como la cabeza de
Lisa avanzaba por mis muslos hasta llegar a los labios mayores y menores a los que besó apasionadamente
para introducir su lengua en la raja.
Después de penetrarme se concentró en mi clítoris al que
la mío y la mío como si se tratara de un músculo.
Sí, un minúsculo pene.
Mientras ella me alegraba el
día yo seguía comiéndole el miembro a su hermano que no pudo contenerse.
Me llenó la boca.
Afortunadamente el chaval aún le quedaban fuerzas para un segundo intento ya que después de haberse
descargado su espada todavía seguía erguida y templada dispuesta a reprender la batalla.
Yo sabía
cómo sacar provecho a la virilidad del hermano de Lisa.
Por ello le obligué a estirarse boca arriba
para así sentarnos sobre su miembro y por turnos.
A pesar de que Lisa era una lesbiana convencida no
le hizo ningún asco a su hermano.
Es más, le besó apasionadamente en la boca y en ese momento me
di cuenta de que ambos ya habían estado juntos en anteriores ocasiones.
A él le gustaba adoptar una
posición pasiva, o sea que se deja querer y como además es bastante perezoso no le importó que
abusaran de él sexualmente.
Si ello no le ocasionaba cansancio, claro está.
Lisa se sentó encima de
su miembro y le cabalgó dejando claro que sabía lo que hacía y que no era la primera vez.
Votó
sobre él como un balón de básquet y sus pechos se balancearon de izquierda a derecha.
Mientras ella
gozaba con él coito, yo me entretuve sobándole los globos que no paraban quietos.
¡Qué gordos
e hinchados los tiene!
¡Y cómo me gusta morderlos, besarlos y acariciarlos!
Él se volvió a correr,
con lo que se acabó la juerga.
Se fue sin avisar, pegó un gemido y dejó a su hermana las puertas del
orgasmo.
La chica se enfadó y le dijo que era muy flojo, lo mismo que la mayoría de los hombres y
que por ese motivo prefería a las mujeres.
Yo le di la razón y entre las dos le echamos de la cama,
de la habitación e incluso de la casa.
Cuando estuvimos a solas, nuevamente nos comimos el chichi
la una a la otra hasta perder el sentido.
Ese polvo lesbico fue el mejor de toda una serie de
revolcones.
Ahora vivimos juntas y parece que eso de la monotonía ya me empieza a gustar.
Aún así,
como a mí me apetece variar de vez en cuando, invito a su hermano bastante a menudo para formar
un trío.
El muchacho se empieza a esmerar, incluso se ha apuntado a un gimnasio para estar
más fuerte.
Sabe que tener dos hembras a su disposición, aunque sólo sea un par de veces
al mes, es un chollo del que no pueden disfrutar todos los hombres.