Pascual vino a pasar una semana a nuestra casa de campo.
Es el hijo de unos viejos
amigos de la familia y casi casi le consideramos como un primo lejano.
Hacía
ya cinco años que no le veíamos y cuando se presentó descubrimos que había
cambiado.
Estaba más delgado, más atlético y mucho más guapo.
No cabe
duda que el tipo ahora tenía un buen revolcón y que mi hermana Sofía se puso
a cien al verle.
Nunca le había prestado demasiada atención pero al comprobar
que ya no era el muchacho de antes rechoncho y con la frente repleta de
acné se pegó a él como una cola de impacto.
No le dejaba solo ni en sol ni en
sombra y hacía como que escuchaba todo lo que él le contaba.
Seguro que no se
enteraba de nada y tenía la cabeza en otro lado pensando en su torso desnudo, si
sus glúteos serían apretados y musculosos, si tendría poco bello en el
cuerpo y si su miembro era grande o pequeño.
Mi hermana se pasaba horas y
horas dando riendas sueltas a su imaginación y calentando los motores.
Iba
tan excitada que debía de masturbarse un par de veces al día.
Se moría de ganas
de comérselo a besos pero no sabía cómo propiciar la situación.
Ella se lo
ponía fácil pero él no se daba por aludido.
Lo intentó todo, no hubo manera.
Yo hubiera sido mucho más directa y me hubiera lanzado sobre él pero Sofía es
un poco antigua y prefiere que el hombre lleve la iniciativa aunque sea la mujer
la que en definitiva se cruce en su camino y se pone a tiro.
La suerte del destino o la casualidad iban a ponerle a Pascual en bandeja de
plata.
Era un martes muy de mañana y todavía no había amanecido.
El invitado
acababa de levantarse de la cama cuando entró en el aseo y se encontró allí
sentada con las piernas abiertas y masturbándose.
A mi hermana.
Sí, no había puesto el pestillo y él abrió la puerta sin llamar antes.
Menuda
sorpresa.
Se quedó pálido como un muñeco de cera y con los ojos bien abiertos.
Casi casi los tenía fuera de las cuencas.
No perdía de vista el sexo de
Sofía.
Aquel chiche rubio muy peludo le dejó embobado.
Ella en lugar de taparse o
reprocharle su visita siguió jugando como si tal cosa.
Fue introduciéndose en
los dedos, se le arraja muy despacio y con mucha lascivia para que él pudiera
percatarse de una vez por todas que podía hacer con ella lo que le pareciera.
Pascual era tímido y un poco parado, pero para nada inocente.
Mi hermana
descubrió muy pronto que le chiflaban los conejos, pero al cero, es decir, bien
afeitados.
Ni un solo pelo, lo que se dice rasurados.
Cuando él entró en el
baño mi hermana pensó que iba a por ella, sin embargo pasó de largo y se
dirigió hacia el botiquín.
Lo abrió, cogió un bote de espuma y una maquinilla y
preguntó en voz alta ¿me dejas que te lo afeite?
Sofía, que no se lo esperaba, se
quedó muda, no abrió la boca ni tan solo hizo un gesto de sentimiento con la
cabeza.
Como quien calla otorga, Pascual dio por sentado que estaba conforme, por
lo que se arrodilló frente a la taza del váter donde permanecía sentada, agitó
el bote y esparció la espuma por el pubis, procurando no dejar ni un solo
pelo rubio sin cubrir.
Las cuchillas fueron pasándose por aquella zona
cortando de raíz el vello, su mano iba de arriba abajo con mucho cuidado, parecía
un jardinero arrancando la maleza del campo del césped.
Cuando la cuchilla se
deslizaba por la piel, cubierta de espuma que rodeaba los labios mayores y los
menores, a Sofía se le aceleraba el corazón.
Se estaba poniendo muy pero que
muy cachonda.
El rasurado fue perfecto, tan apurado como el de un anuncio de
loción de afeitar.
Sin aquella pelambre entre las piernas, ella tenía un
aspecto mucho más virginal e inocente.
Quizá Pascual fuera realmente un
pervertido de aquellos que se excitan con las quinceañeras.
No era así, lo que a
él le iba era la gastronomía.
Su paladar le perdía y los coños eran su
plato predilecto.
Para saborearlo bien era preferible que estuviera bien limpio.
No era cuestión de ir tragando pelos y pelusilla mientras hundía su boca.
Lamió a conciencia toda aquella zona que dejó llena de babas.
Su saliva
refrescaba y por el momento le aliviaba del escozor y la picazón que suelen
aparecer después de que la cuchilla raspe la piel, sensible además.
Así que
Pascual demostraba con su lengua ser un experto chupador de coños y el cuerpo
de Sofía se empapaba de sudor y su vagina se impacientaba para albergar el
largo y grueso pene de su barbero.
Aquel miembro la penetró lentamente como si
no se atreviera a entrar en aquella tierna gruta.
Ella sentía dolor pero eso
sólo fue al principio.
Cuando la tuvo toda dentro
le invadió una oleada de placer, la hizo gemir moviéndose con calentura e
intentaron no hacer demasiado ruido claro.
No querían llamar la atención ni
despertar al resto de los inquilinos de la casa.
Para evitar que Sofía jadeara
más de la cuenta Pascual la besó en los labios.
Sus bocas permanecieron pegadas
durante todo el coito y no se separaron ni un solo instante.
Ambos se tenían
tantas ganas que hicieron el amor en un lugar tan poco propicio como el lavabo y
en una postura muy incómoda.
Pascual se había colocado encima de Sofía que
permanecía sentada en la taza del váter y con sus pies sobre los hombros de él.
Otros se hubieran caído rodando por el suelo o elegido otra posición.
Estuvieron
así cerca de una hora.
Él se la metía y se la sacaba mientras ella le temblaban
los muslos y encadenaba sus orgasmos.
Perdió la cuenta de los que tuvo pero
fueron suficientes como para encender sus mejillas y dejarlas tan rojas como si
hubiera tomado el sol.
Lamentablemente nada es eterno y aunque Pascual tuvo mucho
aguante llegó el momento de correrse.
En el preciso instante en que estuvo a punto
mi hermana le pidió que la sacara para poder agarrarla con firmeza y agitarla.
Cuando el pene estalló se lo llevó a la boca para saborear el semen.
Ambos se
fueron a sus respectivas camas y siguieron durmiendo.
Estaban cansados por
el esfuerzo por lo que se levantaron tarde.
A partir de aquel día Pascual y
Sofía no se separaron ni un solo instante y se buscaron con cualquier
pretexto.
Actualmente siguen viéndose y aunque no les guste aceptarlo yo
afirmaría que son novios.
Por lo menos salen juntos.