Relatos Hablados

Comprobando si mi hermano es gay

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Tenía ciertas dudas sobre la sexualidad de mi hermano, ¿será gay?, ¿le gustarán las chicas? Estaba dispuesta a comprobarlo por mi misma, así que, aunque suene muy fuerte, ideé un plan para seducirlo, además, debo confesar que a mí eso del incesto siempre me ha dado mucho morbo. ¿Y qué ocurrió al final?, te estarás preguntando... ¿Resultó ser gay? Escucha el relato y descúbrelo.

Tenía ciertas dudas sobre la sexualidad de mi hermano, ¿será gay

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Voz por BellaPerrix
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En aquella época yo era una joven de aspecto de mosquita muerta, de esas que las matan callando. Acababa de cumplir los 18 y ya sabía más de sexo que una de 30.

Mi hermano tenía tan solo un par de años más que yo y nunca se había interesado por mí en ese aspecto, pues en el fondo seguía viéndome como a la pequeña de la casa, aunque la pequeña ya hacía varios años que se afitaba debajo de los sovacos, como muchas otras chicas en mi misma situación podría haberle tirado los tejos a los amigotes de mi hermano.

Desafortunadamente yo era demasiado mayor y descarada para la mayoría, los pocos que se fijaron en mí ya tenían novia y yo no soy segundo plato de nadie, ni me dedico a poner cuernos.

Los que estaban solteros y sin compromiso eran bastante tontos y modositos, se asustaban con mis insinuaciones, por lo que llegué a pensar que además de lerdos debían ser maricas.

Eso último me preocupaba bastante ya que mi hermano congeniaba mucho con ellos. Quizá tenía un hermano gay y no me había enterado. Eso explicaría por qué nunca me espió en la ducha a pesar de todas las facilidades que le brindé para que lo hiciera.

Hacía un par de meses que se había ido a vivir solo, se instaló en un pequeño apartamento que fue arreglando a ratos perdidos. Cuando lo visité por primera vez aún estaba manga por hombro con el típico cesor de nogareño que caracteriza la decoración masculina.

Le llevé unos cuantos libros y discos suyos que todavía corrían por casa. Lo pillé en la ducha, por lo que tardo un poco en abrirme la puerta.

Apareció ante mí con una pequeña toalla que apenas le cubría las nalgas y el paquete. Me fijé en sus abdominales, en sus bíceps y sus pectorales.

Jamás hubiera imaginado que estuviera así de cachas. Nos sentamos el uno frente al otro y empezamos a charlar. Me preguntó qué tal iban las cosas por casa y yo le respondí que bien.

A medida que abandanzaban la conversación, empecé a perderme ya que estaba más atenta en ver que escondía la toalla que en seguirle. El libio de percatarse en que me estaba fijando, pues su miembro empezó a crecer y cada vez era más visible.

Me comía la curiosidad con lo que me levanté de la butaca y le tiré la toalla con violencia para poder ver con nitidez qué era lo que escondía.

Mi hermano enrojeció de vergüenza, incluso me increpó. Eso sí, dejó de protestar cuando se la toqué y aún dijo menos cuando me la puse en la boca.

Al principio permaneció impasible, pero con unos cuantos lametones se le encendió la pasión hasta alcanzar unas gotas de lujuria que no conocía en él.

Casi casi me arranca la ropa, dada su impaciencia por besarme las tetas. Tengo los pechos muy poco desarrollados, se diría que aún tienen que crecer.

Parecen los de una chica de 15 años, son impropios de mi edad. Hay hombres a los que les chiflan los pechos grandes, sin embargo, por cómo me los lamió mi hermano, se diría que son del tamaño que a él le gustan.

Una vez desnuda y después de que me acariciase los senos, continué con la afilación. Le lamié en miembro hasta ponérselo a punto para la penetración, algo que estaba deseando desde hacía rato.

Me tumbé sobre la alfombra del suelo con las piernas muy juntas, se puso encima de mí y le aprisioné el pén entre los muslos. Empezó a moverse como si me lo hubiera metido.

A mí aquella situación me daba mucho morbo y le hubiera dejado correrse en esa postura si no fuera porque quería que me lo introdujera en la vagina.

Fui abriéndome poco a poco, colocó la punta frente a los labios vaginales y empujó mientras entraba dentro de mí aquel fabuloso trozo de carne que me rozaba el clítoris que no tardó en ponerse recto.

Él debió notarlo, pues puso la mano sobre mi bubis para acariciarlo con los dedos mientras seguía clavándome su clavo carnoso. Adopté una actitud pasiva y un tanto egoísta y me dispuse a disfrutar sin pensar en él.

Cerré los ojos y me relajé mientras le dejaba continuar, suponiendo que debía de pasárselo tan bien como yo. Él me levantó las piernas sin parar de meterla, para besar y lamber mis pantorrillas.

Su pén se introducía frenéticamente en la vulva, haciéndome gozar de lo lindo. Poco a poco fue acelerando aún más su ritmo hasta el punto que dejé de percibir cuando entraba y cuando salía.

Yo le agarré firmemente el culo para que se estuviera quieto un momento, para que no se moviera tanto, pues quería sentirla toda dentro. Le besé en los labios y le mordí las orejas y le pegué un buen bocado en el cuello de esos que dejan marca y que algunos llaman chupetón.

Mi hermano utilizaba el pén y las manos para proporcionarme placer. No paraba de acariciarme el clítoris mientras me follaba y cada vez se ponía más duro.

Dejamos la penetración para iniciar un sabroso 69, en el que nos saboreamos los sexos mutuamente. Me lamió los labios vaginales e introdujo su lengua para paladear el sabor salado de mis jugos más íntimos.

Yo también me puse a comer y engullé su pén como si fuera un espárrago de ganca libre de esos que van cuatro en una gran lata rectangular y que suelen valer a precio prohibitivo.

Al sentirlo en mi boca me volví a humedecer como antes del coito. Me costó tragarlo hasta la empuñadura dado lo largo que es, pero hice un esfuerzo porque valía la pena.

Durante la mamada no descuidé sus testículos, que la mía conciencia, aunque estos, supusiera tragarme más de un pelo. Le dejé los atributos bien empapados a punto de la explosión final.

Con mis esmeradas atenciones bucales no tardó demasiado en llenarme la lengua de esperma. De su glández salió un chorro de líquido blanco, pastoso y pegajoso que me supo como la mejor de las natas.

Me tragué todo su esperma, era la forma de agradecerle lo bien que me lo había pasado. Tras la corrida comentamos lo que había pasado. Tras mucho hablar de ello llegamos a la conclusión de que no había ocurrido nada extraño.

Esas son solo cosas que suelen suceder entre hermanos y que no había que darle mucha más importancia. De hecho no hemos repetido la experiencia, aunque a mí me hubiera gustado. Mi hermano no es gay, pero sí un tipo con principios y lo de las relaciones sexuales con parientes le incomoda bastante.

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