Relatos Hablados
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En las manos de Bella

No hay nada como una tarde de verano para desatar las pasiones ocultas. Martín y yo nos sumergimos en un juego de seducción tras las puertas cerradas de su piso, donde las miradas desnudan más que la ropa. Solo un arnés y un dildo nos separaban de un torbellino de placer que quedaría grabado en nuestra memoria… ¿Te atreves a descubrirlo?

No hay nada como una tarde de verano para desatar las pasiones ocultas

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Voz por BellaPerrix
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En las manos de Bella. Era un día cualquiera cuando Martín y yo decidimos darnos un homenaje en su piso. La tensión sexual entre nosotros había ido creciendo y creciendo desde hacía semanas y ambos teníamos claras nuestras intenciones para esa tarde.

El sol se filtraba a través de las cortinas del salón creando un ambiente acogedor pero muy sensual, perfecto para lo que teníamos entre manos.

Martín me miró a los ojos con determinación y una pizca de desafío. Su mirada encendía una llama dentro de mí. Nos acercamos lentamente como depredadores tanteando a su presa hasta que nuestros cuerpos se encontraron.

Empezamos a besarnos al principio suave, muy suave, pero no tarde en morder sus labios deseando un contacto más profundo y más animal. Martín deslizó sus manos por mi espalda mientras yo recorría su torso con mis dedos sintiendo cada músculo bajo mi piel.

Dejó escapar un gémido grave cuando me aparté ligeramente para desabrochar la camisa dejando al descubierto su torso masculino. Aproveché el momento por el amel de el cuello bajando hacia su pecho.

El sabor salado de su piel me hacía perecer la cabeza y sentía como un oleaje de deseo me recorría entera. Nos movimos hacia el sofá donde Martín se tumbó de con una sonrisa pícara.

Yo me acomode encima empezando a desabrotonarme la blusa con lentitud disfrutando del espectáculo que le ofrecía de forma deliberada. Sus ojos me devoraban enteramente y podía ver el deseo grabado en su expresión.

Su cara lo decía todo. Una vez desvestida me incline para besarle para besarle de nuevo mientras mis manos viajaban hacia el cinturón de su pantalón.

Sin perder tiempo lo liberé de sus pantalones observando con deleite como su polla ya estaba completamente dura. Muy dura y lista para mí. Me agaché posicionándome para la merla de abajo arriba de abajo arriba exactamente como a él tanto le gustaba.

Era una visión gloriosa ver cómo su cuerpo reaccionaba tenso y complacido con cada movimiento de mi lengua. Joder bella nunca te consos de sorprenderme dijo entre jadeos.

Me divertía tenerse poder sobre él ver cómo su cuerpo se estremecía con cada la mira que le daba. Pero no había tiempo que perder. Hoy sería un día especial.

Un día donde los roles cambiarían. Sin dejar de mirarle me levanté y fui a buscar el arnés que había estado esperando la oportunidad perfecta para usarlo.

Martín me observaba con curiosidad mientras me lo colocaba. Sin saber realmente que le esperaba. Hoy te toca a ti entregarte Martín. Prepárate para algo que nunca vas a olvidar.

Él parecía intrigado y un poco nervioso pero sobre todo excitado. Muy excitado con la idea de explorar nuevas sensaciones. Besándole nuevamente con fervor le incliné sobre el sofá y comencé a lamerle el culo.

Saboreando el dulce y probido placer de estar en control absoluto. Martín gineo con fuerza visiblemente disfrutando de mi lengua jugando con él.

Martín me encanta comerse el culo. Quiero que me lo comas tú a mí también. Relájate y disfruta. Sus músculos se relajaron mientras continuaba y poco a poco le preparé para lo que le vendría a continuación.

Sujeté el dildo con una mano firme y con la otra masaje suavemente su espalda. Él me miró sobre su hombro sus ojos llenos de deseo y aprobación.

Tenía muchas ganas de que le reventara el culo. Así que introduje el dildo lentamente sintiendo cómo sus gemidos resonaban en la habitación.

Su cuerpo reaccionó con un temblor al recibir esa nueva y excitante intrusión. Comencé con movimientos rítmicos entrando y saliendo cada vez aumentando la velocidad.

Martín jadeaba completamente entregado a la experiencia. No pares bello, no pares. Esto es increíble dijo con la voz quebrada por el placer.

El poder que sentí era embriagador. Verle tan vulnerable y al mismo tiempo tan puro en su voce era la mayor recompensa. Aceleré el ritmo y vi cómo su cuerpo se entregaba completamente, alcanzando un clímax inesperado.

Martín se corrió con un estremecimiento que parecía no tener fin. Su cuerpo se aflojó sobre el sofá exhalando con satisfacción. Me quite el arnés y me tumbé junto a él, abrazándole mientras respirábamos acompasados nuestras pieles sudorosas pegándose la una a la otra.

Esto ha sido increíble bella. Creo que hoy he aprendido realmente lo que es el placer. Murmuro exhausto pero con una súper sonrisa de pura felicidad.

Habíamos explorado un terremoto completamente nuevo y supe en ese instante que habíamos cruzado un umbral como amantes. No sólo enloquecimos de deseo sino que también nos comprendimos de una manera mucho más profunda.

Mi corazón latía fuerte contra el suyo. Ambos completamente satisfechos y llenos de un nuevo tipo de felicidad. Nos quedamos abrazados, nuestra respiración poco a poco recobrando su ritmo normal.

El ambiente estaba cargado, impregnado del aroma dulce del sexo y el sudor. Aún así había un atisbo de hambre insatisfecha entre los ojos de Martín.

¿Te ha quedado energía para más? Le provoque trazando círculos en su pecho con mis dedos. Él sonrió con esa chispa traviesa que tanto me excitaba.

Tomé su polla sintiendo cómo volví a ponerse duro bajo mi tacto. Martín respondió rápidamente, su cuerpo recuperándose con sorprendente rapidez.

Me puse de rodillas sobre él, guiando su polla dura hacia mi coño mojado, deseando sentirlo profundamente en mi interior. Baje lentamente sintiendo cada centímetro deslizándose dentro de mí, llenándome por completo.

Martín tomó mis caderas con fuerza, ayudándome a menearme sobre él con un ritmo acelerado. Se levantó ligeramente para chuparme los pezones, su boca trabajando maravillas contra mi piel.

Eres increíble, Bella. Eres increíble, Jade entre bocados. El placer era insoportable y delicioso. Nos movíamos al unísono, un vaivén de cuerpos sincronizados por el placer compartido.

Mis gemidos llenaban el aire cuando sentía el orgasmo. No pares, no pares que me corro otra vez. No pares, sigue, sigue, sigue que me corro Martín.

Me embistió con más fuerza desde abajo, sus manos moviéndome y clitoris mientras amo nos acelerábamos al borde del éxtasis. Fue un momento fugaz pero eterno.

Cuando asmo nos corrimos juntos, fue un estallido de placer que nos dejó temblando. Me desplomé sobre su pecho sudorosa y sin aliento, sabiendo que habríamos cruzado una frontera del placer.

Nos quedamos quietos, empapados en sudor y llenos de satisfacción, sabiendo que esta era solo una de las muchas aventuras que aún nos esperaban.

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