Relatos Hablados

Pesadilla en Semen Street

0:00 / 11:37

En aquel extraño bosque oscuro y lúgubre, Mark y yo nos adentramos en un majestuoso y aterrador caserón que parecía elevarse en el aire, donde habitaba una misteriosa silueta amenazante... Lo que en principio parecía una terrorífica pesadilla, digna de cualquier película de terror, se convertiría en uno de los sueños más placenteros que jamás he tenido.

27 escuchas

Voz por BellaPerrix
📜 Ver transcripción (se sincroniza con el audio)

Ya lo decía mi madre, que mi excesiva afición a las viejas películas de terror era la causante de esas extrañas pesadillas. Cuando crecí y sentía atracción por los hombres, llegaron los sueños húmedos.

Pero lo que nunca imaginaba es que pudiera darse el caso de que ambas temáticas se mutaran en un solo sueño. Y así ocurrió aquella fría noche de invierno.

En mi mente, se creó una imagen, la imagen de un bosque oscuro y lúgubre, con unos árboles que se elevaban sobre nuestras cabezas, como si estuvieran mirándonos y vigilando nuestros movimientos.

¿He dicho nuestras? Sí, en mi sueño éramos yo y un chico, respondía al nombre de Mark, pero no lo había visto nunca antes. Nuestras ropas eran de época.

Yo llevaba un sugerente escote que mostraba buena parte de mis generosos senos. No sabía por qué, los dos nos dirigíamos con mucha prisa a algún lugar.

Recorrimos un siniestro camino repleto de socavones y pedruscos, hasta que finalmente, y como surgiendo de la nada, se apareció entre nosotros un enorme caserón, erguido en el aire, majestuoso y notablemente aterrador.

Mark y yo nos quedamos unos segundos en total silencio, mirándolo con nuestras cabezas tiradas hacia atrás y boque abiertos. Sentía un escalofrío.

Estaba todo tan en silencio. Apenas se oía el leve silbar de un viento que sacudía las hojas de los árboles. Sin decir nada, mi compañero me cogió de la mano y me llevó hasta la entrada de tan desagradable lugar.

La idea no me gustaba nada, pero me dejé arrastrar porque en el fondo la confusión no me permitía juzgar con sobriedad todo aquello. Andaba perdida.

Perdida de verdad. A la parque muy asustada. Y adentro del caserón, todo resultaba tan terrorífico como imaginaba. Paredes que parecían no terminar nunca y ascendían perdiéndose entre la oscuridad de un techo que no existía.

Humedad. Más frío dentro que fuera. Un montón de muebles viejos y gastados y un constante crujir de madera que emerizaba la piel. Muy al contrario, Mark parecía tener muy claro lo que estaba haciendo.

Nervioso, no cesaba de buscar con su mirada una indicación de lo cual era el siguiente paso que debía dar. Hasta que lo encontró. Nos dirigimos hacia un lúgubre retrato de una estirada figura oscura y de rostro irreconocible a tamaño natural.

Aún andaba inmersa en mi estudio de lo plasmado sobre aquella tela que Mark comenzó a rajarla con un cuchillo de arriba abajo y sin cuidado alguno.

Lo que nos esperaba detrás era la entrada a un pasadizo sin iluminación alguna. Pero eso no frenaba a mi acompañante que se internó en la oscuridad arrastrándome a mí con él.

Anduvimos por lo menos cinco minutos sin mayor ayuda que el palpar de nuestras desnudas y cansadas manos hasta que finalmente una luz nos mostró el final del pasillo.

Al juzgar por la expresión de Mark habíamos llegado a nuestro enigmático destino. Era una sala enorme plagada de gruesas columnas de piedra maciza.

En medio de la estancia había un enorme bloque de piedra también cubierto por una pesada losa que Mark se apresuró a retirar. Cuando ésta cayó estrepitosamente al suelo el contenido nos fue desvelado.

Ahí dentro, bañado en una sucia capa de tierra, reposaba un tipo enorme de piel grisácea, calvo y de facciones nada simpáticas. Iba totalmente desnudo y mostraba un cuerpo carente de bello alguno.

Mi compañero extrajo de su bolsa un puntiagudo trozo de madera de un grosor considerable. Y ante mis horrorizados ojos y con la ayuda de un pedrusco del suelo a modo de martillo vi clavarse la estaca en el pecho del siniestro tipo de la taúd.

Un grito descarrador me asumió en la más negra de las oscuridades. Recubré el conocimiento ya en brazos de Mark. Para mi disgusto seguíamos exactamente en el mismo lugar.

Nada había cambiado excepto que él comenzó a besuquearme los labios con dulzura y con cuidado. No teme que me excitaba. A pesar de aquel ambiente inadecuado por completo o a causa de él, sentí unos irrefrenables deseos de dejarme poseer por mi compañero.

Así que con mis doloridas manos agarré mi larga falda que remangué hasta la cintura. Él comprendió perfectamente que era lo que deseaba y se puso a ello.

Aprovechando mi oportuna falta de bragas, cosas de los sueños, me abrió el coño de par en par con dos dedos e introdujo su lengua dentro. Invadió las cadizades de mi vagina dotando aquel pedazo de carne húmeda de vida propia.

Fue como si se convirtiera en un torbellino desatado dentro de mi almeja, lo que me hacía gozar como una desterebrada. A intervalos, su dedo jugueteaba con mi clítoris.

Lo pellizcaba, parecía querer hacerse con él, y todo mi cuerpo se tensaba como una vara de acero. Miles de escalofríos se clavaban en mi columna y el placer no conocía barreras de ninguna clase.

Me agarré a su cabeza y hundí su rostro más en mi entrepierna. Aquella lengua mágica me penetró casi como lo haría una jugosa polla y yo me sentía fallecer de éxtasis.

Grité y grité. La estancia retumbó. El hico de mis gemidos nos rodeó por completo y todo ello al tiempo que me retorcía, cariciando mis endurecidos pezones.

Por encima de mi largo y transparente vestido. De pronto, una enorme sombra se proyectó sobre nosotros. A punto estaba de correrme, cuando mirando entre la oscuridad vi acercarse el enorme ser hacia nosotros.

Iba directo a por Mark y no se contuvo de agarrarlo por el pelo y tirarlo para atrás, vaciando así mi coño. Entre las penumbras solo pude escuchar un chasquido y el grito de mi amante.

Luego el silencio total y la enorme figura reemprendió su marcha hacia mí. Estaba aterrorizada. Quería irme de allí. Pero sin embargo algo me paralizaba y a la vez mi lívido seguía torturándome.

Mark me había dejado encendida como una llama y deseaba ser follada por entero. La enorme silueta me agarró por los brazos y una enorme lengua viscosa, acabada en punta, salió de su inmensa boca.

Lamió lascivamente desde mi cuello hasta mi cara. Seguidamente me giró. Arrancó la falda de mi vestido con pasmosa facilidad. Para continuación escupir un hilo de caliente saliva sobre mi ano.

Era tan cálida y sentir como se deslizaba por mi culo hasta mi coño era una sensación indescriptible. El ser se encargó de expandir la saliva con sus dos gruesos dedos terminados en prolongadas uñas.

Para continuación hundir su inmensa polla negra en mi ano. Chille de dolor, chille de placer. Sentía un desgarro dentro de mi interior que no había sentido antes.

Me sentía morir pero a la vez todo mi cuerpo temblaba de excitación, de goce, de un goce total. La enorme silueta inició el tan esperado mete y saca.

Los roces en las paredes de mi esfínter dilatado eran un castigo tras otro y un regalo de los dioses a la vez. Sus fuertes manos palparon por mi estómago hasta encontrar mis pechos y se agarraron a estos clavando las uñas en mi carne.

Era brutal, era algo increíble. Unos extraños jadeos retumbaban en mi cabeza y su fuerte aliento se clavaba en mi cogote. Un desagradable dor me parecía sumirme en un sueño sin fin.

Grité los gasmo. Estaba próximo. Él soltó un espeluznante alarido que me estremeció todo aquello. Era dantesco y muy erótico. Me corrí. Chille.

Sí. Él también se corrió. Se corrió fuera de mi culo, sobre mi espalda. Su abundante semen salpicó toda mi parte trasera y noté cómo quemaba.

Aquello multiplicó mi gozar. Incrementó sensaciones que fueron infinitas. Y entonces el ser clavó sus dientes en mi cuello. Recuerdo que me desperté gritando.

Sudada. Y por qué no decirlo algo cachonda. Luego, tras pensar en todo aquello, vinieron las risas. Pero confieso que fue un sueño extremadamente real.

Tanto que cada vez que voy a dormir temo volver a ver aquella enorme figura negra de potencia sexual ilimitada. Aunque otras veces me acuesto esperando todo lo contrario. Deseando que me agarre entre sus brazos y me someta un polvo de aquellos que sólo ocurren en nuestras fantasías.

📝 Tu nota privada

Ver todos los relatos →

Relatos similares

Ver todos los relatos →

Atajos del teclado

Espacio
Reproducir / pausar
Retroceder 10 segundos
Avanzar 30 segundos
T
Modo trabajo
?
Mostrar este panel
Esc
Cerrar este panel

Y un secreto: ↑↑↓↓←→←→BA