El nombre del cursillo lo dice claramente, ayudando al prójimo.
Se trata de un
edificio antiguo al que han transformado en escuela.
Las aulas son estrechas pero
muy altas y las paredes están pintadas de blanco con un tono anaranjado suave.
Las clases son una vez a la semana y duran apenas 90 minutos.
Hora y media
sentada frente a una tía de lo más carca escribiendo tonterías en una
pizarra.
¿Qué me impulsó a apuntarme a este rollo?
Ya casi ni lo recuerdo.
Supongo
que era porque estaba en el paro y ya se sabe.
En esas circunstancias te sientes
un trasto, te sientes inútil y necesitas llenar tu tiempo como sea a falta de
nada mejor que hacer.
Porque no seré como esa gente creativa que en realidad
lo que necesitan es disponer de mayor tiempo libre posible.
Yo no sé qué hacer con 24 horas muertas.
Tendría que haberme apuntado a un
cursillo que hablará sobre eso.
¿Cómo sacar provecho a su tiempo muerto?
Hay que
ocupar el tiempo a cualquier precio, aunque incluso sea asistiendo a cursillos
inútiles como este, ayuda al prójimo.
¿O cómo hacer algo bueno cuando el
aburrimiento es excesivo?
¿Que hay una viejecita que no sabe o no puede cruzar
la calle por culpa del tráfico?
Ahí estoy yo para salvarla.
¿Que al vecino de
arriba se le ha caído la ropa interior en la repisa de mi ventana?
Ahí estoy yo
para solvettar el entuerto.
La profesora lleva ya tres días comiéndonos la olla
para que al salir del aula seamos buenos ciudadanos.
Porque asegura que la
decadencia de la sociedad actual está causada por la alienación...
¡Venga ya!
¿A
quién quieres engañar, bruja?
Lo que pasa es que follamos poco, hay que follar más.
Yo intento follar cada sábado noche.
Paso de novios y de malos rollos.
Únicamente quiero un rabito que me alegre la soledad.
Y ya está.
¿Que si lo
consigo cuando lo necesito?
Hombre, podría... podría.
Porque estoy jamona.
Y podría
porque todos los tíos solo piensan en follar, en follarme.
Pero yo soy exigente,
ya lo creo.
Porque follar solo el sábado noche.
¿Y si me apetece follar ahora?
Mira,
con ese mismo que tengo delante atendiendo las explicaciones de la bruja,
lástima que su cuello grasiento no es lo que se dice muy atractivo.
Joder, quiero follar.
¿Cuándo terminará este rollo?
A todo esto, ¿por qué coño intento ayudar al prójimo?
Aunque el prójimo tenga pinta de bibliotecaria reprimida.
¿No hay nada como salir del aula
a las 8 de la tarde de un noviembre?
Es de noche, hace fresquito.
Y normalmente me apetecería
pasarme por una panadería y comprarme alguna pasta para comerme de camino a casa.
Pero no,
hoy no quiero pastas, hoy quiero follar.
Ayude al prójimo, ¿recuerdas?
Llevo a casa y llevo
todo el camino pensando en pollas.
Comienzo a preocuparme.
Estoy a punto de encerrarme
mi apartamento y todavía no he logrado tirarme a nadie.
Bueno, todavía me queda una posibilidad.
Nunca lo he intentado, pero creo que podría lanzarme hoy.
El vecino de arriba, del que hablaba
antes, está para mojar pan.
Siempre he querido ligármelo, pero dicen las malas lenguas que a él
le van más los culos masculinos.
Pero ¿qué?
Lo más que puedo llevarme es una gofetada.
Y si el plan
sale bien, igual incluso me lo puedo tirar.
Aquí es, llamo al timbre y me abre la puerta
él mismo.
Suelto unas cuatro frases introductorias de rigor, como dictan los cananes educativos,
y voy directo al grano.
¿Te gustaría venir a mi apartamento un rato, tomar un café y echar un
polvo?
Me cierre la puerta.
Creo que es asustado.
Vuelvo a llamar.
Esta vez la puerta me la abre
otro mozo de buen ver.
El chico viene sonriendo.
Así que supongo que el otro le ha explicado
nuestra escueta conversación.
Con este tampoco voy a andarme por las ramas.
¿Te gustaría venir a
mi apartamento un rato, tomar un café y echar un polvo?
Creo que funciona.
El tío me mira,
se lo piensa y me devuelve la pregunta con otra pregunta.
¿Qué tal si pasamos del café?
Dicho y
hecho, nunca pensé que un día me vería chupando una polla sin haberme quitado ni la chaqueta.
Pero
es que Raúl y yo nos hemos puesto a ello nada más cerrar la puerta.
Me las arreglo para deshacerme
de la prenda sin sacar el falo de mi boca.
Ni Judí ni lo haría mejor.
Caramba, pego un lametón desde
los huevos hasta el helande.
Seguidamente me lanzo sobre éste con las fauces abiertas y me lo trago
entero.
Mis labios descienden en dirección a la base del rabo suavemente.
Acaricio el tronco
durante el trayecto.
No sé a qué viene tanto esfuerzo.
Esta polla está durísima, pero...
Una es generosa y por aquello de hacerle feliz le magreo los huevos que cuelgan como dos bolsas
de la compra llenas hasta los topes.
Mis dedos sienten sus testículos a través de la fina piel
del escroto y mientras me distraigo con el rollo digital, asiento por el tronco y termino
rechupeteando la punta del glande con los labios.
Este chico está que trina.
Sabrá su médico que me
lo estoy follando, pero las cosas o se hacen hasta el final o no se hacen, así que ahora es su turno.
¿Cómo me elcoño mientras te lameneas?
El muchacho puede ser guapo y atlético, pero contra todo
pronóstico no es idiota.
Así que me abre la raja con los dedos y jugaté con aquello que los
médicos llaman clitoris.
Oh, joder, no sé quién coño se inventó esa palabra, pero dice bien poco
del placer que provoca cuando te lo toca un señor con manos maestras.
Si es que toda la parafernalia
genitalia es fría y aséptica como ella sola, pero da igual.
Se trata de darle placer, ¿no?
Pues venga, que llueve.
Raúl está realmente entregado la comidita de todos los días.
Sí, lo haces bastante bien, en realidad muy bien, pero no quisiera que se lo creyera.
Chupa, chupa, sí, introduce su rasposa lengua dentro de mi vagina y dibujo unos círculos
concéntricos.
Oh, introduce la lengua de nuevo, sí, con esta el roce con las cavernas de mi sexo
me produce unas descargas que ni una central eléctrica en plena eclosión.
Oh, las piernas se me abren
de un extremo al otro.
Si ciego me voy a quedar sin cadera, pero es que ante tanto toqueteo
indiscriminado una se comporta como la más vil de las trampas.
Primero me abro y cuando el cebo
está despistado, cierra de golpe y me lo como vivo.
Estoy húmeda, ¿tú estás húmedo?
Bien, pues vamos a lo que
interesa, quiero ver cómo tu polla me penetra.
Criatura, sí, empójala cariñosamente, no la metas
demasiado caña, o esto no tendrá gracia.
Sí, sí, lentamente, deja que la piel hipersensible de
nuestros sexos entre en contacto.
Sientes el gustito, notas la sensación tan increíble que
produce este encuentro de dos señores genitales.
Como me digas que no disfrutaste la corto,
monstruo, hoy quiero ser embestida.
No quiero embestir, así que te toca a ti empujar hacia dentro
y sacar hacia fuera.
Demuestra que prestaste atención a las clases de matemáticas y física
de la universidad.
Así, si bien, dios, me pongo a cien sintiendo ese pedazo de tranca tuya comportarse
de forma tan indecisa.
Ahora entro, ahora no.
Lo quiero dentro de mí, pero no mucho rato,
esto se volvería aburrido.
¿Cómo le explicarías a alguien que no ha echado un polvo todo esto?
Ya sé que la mayoría de las mujeres no hablan cuando follan, pero yo soy un caso entre mil.
Parezco sacada de un relato porno mediocre, ¿verdad?
Y una vez leí por ahí que existía
una postura a la que llamaban la cuchara.
El chico se situa detrás de la chica y la penetra vaginalmente
mientras ella eleva la pierna.
Sería fantástico probarlo, pero no soy contorsionista.
Soy una jodida
tía que se muere por tener un orgasmo y poniéndome en su lugar, creo que Raúl está de acuerdo conmigo.
Vamos a corrernos.
Esta es la meta.
Eso es lo que buscamos.
Eso es lo que queremos.
Dios, me estoy corriendo como una cerda.
Seguramente Raúl también.
Pero me da igual.
Yo quiero ese orgasmo para mí.
Sí, sí, es mío ahora.
Esto es una pasada.
Co-descanso, co-respiro.
Ha sido demasiado.
Aunque la mejor parte ha sido cuando Raúl ha cerrado la puerta
y ha regresado con su novio.
Pero antes de meterme bajo la ducha y cerrar un poco la moralina barata,
ayuda al prójimo, no dejes que ningún ser humano se pierda el placer de un buen polvo.
Se generosa su persona y disfruta.