Un beso, cariño.
Gracias por haber contactado conmigo.
Me llamo Sara.
Y otra cosa, no sé,
pero obediente lo soy un rato.
No puedo evitarlo.
Me han educado así, y a mis treinta años
no creo que vaya a cambiar ahora.
Disfruto complaciendo a los demás, sobre todo a los
hombres como tú.
Desde que era pequeña he ido complaciendo a mis amigos y conocidos
en todos sus deseos.
En cuanto me piden algo, por fantasioso que sea, voy y lo hago.
Así
que aquí me tienes a tu entera disposición.
Ahora mismo estoy con un vecino que ha venido
a pedirme un poco de sal y se la he dado.
Luego ha vuelto a pedirme que le hiciera compañía.
Y no he podido dejar de complacerle.
Es muy amable y galante.
Me dice que mis ojos azules,
mi cabello rubio y platino recogido hacia atrás y mi cutis claro y suave le encantan.
Ahora tengo
el vecino a mi lado.
Estamos sentados en la cama porque él me lo ha pedido y no sé qué se le
ocurrirá pedirme ahora.
Vaya, quiere que me desnude.
Es un poco caprichoso, pero voy a
complazarle.
No me va a costar mucho porque casi no llevo ropa.
Ahora me pongo de pie y voy siguiendo
sus indicaciones obedientemente mientras él me mira sentado en la cama con la espalda apoyada
en la cabecera.
Me quito la bata y la dejo caer al suelo.
Me he quedado en ropa interior.
El vecino me mira absorto.
El pequeño sujetador negro que llevo que hace que mis pechos grandes
y urgentes se levanten y sobresalgan hasta casi desbordarse.
Y también mira mi cintura delgada,
mis caderas redondas y me dice que le gustan mis braguitas diminutas a juego con el sujetador.
Que apenas cubren mi culo bastante abultado y redondo y dejan ver por delante un poco de
pello de mi bubis.
Mis piernas largas con unos murlos carnosos le encantan.
A ver qué más quiere
mi vecino ahora.
Me dice que no me quite el sujetador, que me saque los pechos por encima
y se los enseñe.
Y yo, claro, como soy tan obediente, lo voy a hacer.
Ya me estoy sacando
los pechos poco a poco.
Mis pezones duros y cuadrados están asomando y ahora tengo los pechos
colgando firmes en el sujetador.
Vaya, mi vecino parece que ha reaccionado y supongo que tú también.
Se está tocando por encima de la bragueta y se le está formando un bulto de tamaño considerable.
Ahora dice que me toque los pechos, que los mueva con mis manos y me pellizque los pezones.
Y es lo
que estoy haciendo.
Se me están poniendo los pezones todavía más duros y noto que me estoy
excitando.
Estoy deseando ver qué me pide mi vecino ahora.
Dice que me vaya quitando las braguetas
poco a poco y yo le obedezco, claro.
Las cojo con las dos manos y las voy bajando a lo largo de mi
cadera.
Mis nalgas sobresalen abultadas, redundas y tentadoras a medida que voy bajando las braguetas.
Y el bello de mi pubis y mi coño van quedando al descubierto.
Mi vecino está ya muy excitado.
Se ha
abierto la cremallera del pantalón y se ha sacado la polla, muy gorda y larga.
Y se la está tocando,
cogiendola con toda la mano.
Yo sigo bajando mis braguetas por los muslos carnosos y tiernos.
Saco
mis piernas por los huecos de las braguetas y me doy cuenta de que yo también estoy excitada.
Tengo
el coño muy húmedo.
Mi vecino me dice que le tire las braguetas y se las tiro.
En las cojilas
huele como si fueran un tesoro.
¿Qué más querrá ahora?
Veo su polla cada vez más gorda y más tiesa.
Se baja el pantalón y asoman también sus huevos enormes y duros.
Me muero de ganas de que me pida
probar esa polla que tanto me excita.
Mi vecino me dice que le acerque los pechos a la cara y
le obedezco, embelesada.
Me rompe el soquetador que llevo colgando de un fuerte tirón y me lo tira
a la cara.
Me echo un poco de daño, pero me gusta su ímpetu viril.
Ahora me está chupando los pezones
que yo le ofrezco encantada.
Mientras con una mano sigue manoseándose la polla, con los dedos de
la otra mano me estira de los pezones y me aprieta los pechos con tanta fuerza que parece
que vaya a ordeñarlos.
Por fin me pide lo que tanto estoy deseando.
Me dice que le coja la polla.
Ahora está en toda su plenitud, más gorda y larga que antes y con los huevos duros y subidos.
Nunca
había visto un aparato tan tremendo, créeme.
Como soy tan obediente, ya me he inclinado sobre él y le
tengo la polla cogida con toda la extensión de mi mano.
Me dice que se la ameneé deprisa, sin remilgos,
así que ahora estoy moviéndole la piel de su polla arriba y abajo, arriba y abajo.
Mientras la
miro con ganas de comérmela, me da miedo pensar que en cualquier momento pueda soltar una descarga
tremenda de semen y rociarme la cara hasta hacerme daño.
Ahora me pide que se la chupé y yo, por
supuesto, no puedo dejar de obedecerle.
Abro la boca todo lo que puedo y empiezo a engullir ese
miembro descomunal.
Apenas puedo abarcar la parte del capullo, pero él me coge de mi pelo rubio
platino y me empuja hacia abajo.
Me estoy atragantando, pero casi llego con los labios hacia la mitad de
su polla y la estoy recorriendo con la boca llena de saliva.
Mi vecino me pide que me trague sus
huevos.
Primero le cojo con la mano la bolsa del escroto.
Lo supe eso como una mercancía valiosa
y luego saco la boca de su polla y me trago uno de sus huevos.
Luego el otro y los aprieto bien con
los labios.
Eso le vuelve loco y mi vecino da un gemido de gusto.
De pronto me dice que ya está bien
de jugar y que se me va a follar como nunca me han follado.
Me pide que me coloque su beso polla
frente a él, que sigue sentado en la cama con la espalda apoyada en la cabecera.
Y yo, que soy así
de obediente porque así me han educado desde pequeña, ya estoy sobre él.
Tengo las piernas
completamente abiertas y el coño rezumando de flujo de lo excitada que estoy.
Mi coño está apoyado
sobre la punta de su enorme polla que resiste entrar.
Mi vecino me dice que empuje con ganas.
Y yo empujo hacia abajo con todas mis fuerzas.
Noto como mi coño empapado se abre ante su polla,
que va entrando poco a poco dentro de mí.
¡Qué gusto!
Él me pide que me mueva hacia arriba y
hacia abajo.
Y eso es lo que estoy haciendo.
Estoy ensartada en su polla indefensa ante su
potencia.
Me muevo hacia abajo y hacia arriba, hacia abajo y hacia arriba.
Sí, hacia arriba.
Asiento entrar hasta lo más profundo de mi coño y salir hasta el borde de los labios.
Y esto me hace
enloquecer de gusto.
Creo que no voy a aguantar más.
Voy a correrme.
Siento los espasmos del
placer recorriendo mis entrañas y todo mi cuerpo cuando mi vecino me agarra violentamente los pechos
con sus manos y empieza a temblar.
Su polla se agita dentro de mí, entrando y saliendo,
entrando y saliendo con la fuerza de una taladradora.
Se está corriendo también al
mismo tiempo que yo.
Un chorro violento de semen y luego otro y otro inundan por dentro.
Y yo me
corro.
No, ensartada en su polla, me corro.
Mi vecino no ha acabado de correrse.
Es un animal.
Me pide que salga de su polla y le obedezco.
Entonces suelta unos horros, otros de semen y
me los estrella en la cara.
Y el muy bruto.
Ahora le estoy limpiando su polla enorme con la lengua,
porque así me lo ha pedido y yo quiero complacerle en todo.
Ya sabes, cuando quieras,
puedes volver a contactar conmigo y pedirme un poco de sal, como ha hecho mi vecino o cualquier
cosa que se te ocurra.
Ya lo sabes.
Un beso.