Relatos Hablados

De nabo en nabo

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Soy como las mariposas, me gusta volar libre, solo que en lugar de ir de flor en flor, voy de nabo en nabo, y en lugar de tener dos alas, tengo dos tetas y un coño. Algunos se quieren casar conmigo, pero yo no quiero ser la mujer de nadie, simplemente quiero seguir volando de nabo en nabo.

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Voz por BellaPerrix
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Llamo a la puerta y Ramón me abre. Como es habitual en él, me recibe con una gran sonrisa. Nos damos un par de besos y entro. Me encanta esta casa.

Es tan espaciosa y confortable. En especial este sofá. Suave al tacto e increíblemente cómodo. Cuesta horrores mantenerse despierta cuando una coloca las pusaderas aquí.

Ramón se acerca y me trae una copa de coñac. Qué encanto. Tras ese aspecto tan humilde se encuentra el corazón de oro más grande que he conocido nunca.

Ramón es divorciado. Dice que se casó con su mujer por la presión que ejerció su familia. Pero que nunca la quiso. Al parecer su matrimonio fue un infierno.

8 años juntos sin amor. Y encima con dos hijas. Qué horror. Siempre me dice que soy la mujer de sus sueños. Que tendría que haber sido la primera.

Blah, blah, blah. Olvida la diferencia de edad. Ramón me lleva 11 años. Vale. Me gustan maduros. No lo niego. Pero no sé hasta qué punto me ataría de por vida con alguien al que le ha fallado un matrimonio.

Me pongo de pie y le pregunto si quiere que empecemos ya. Él, una vez más, me dedica una sonrisa. Y corre al dormitorio a buscar la cámara de fotos.

Me pongo en marcha. Tarareo, una tonadilla. Mientras me voy desprendiendo de mi ropa. Primero la blusa, luego la falda. Siempre de forma insinuante y provocadora.

Me encanta hacerle miraditas de chica mala. Mientras tenso el culo. Para darle más relieve a mi coño. Ramón se está poniendo cardíaco. Ha comenzado a hacerme fotos sin cesar.

Espero que el carrete le dé para todas. Porque hoy ha empezado muy pronto. Me he quedado en ropa interior. Está en la parte que más me gusta.

Me agacho hasta que mis manos rodean los tobillos. Suerte que hoy no me duele la espalda. Conservando la postura, doy un giro y me detengo cuando mi culo apunta a la cara de Ramón.

Este salta del sofá y corre hacia mí. Tí de adreas bragas y me separa las nalgas. Un airecillo casi imprescindible acaricia mi ojete. Esto es mortal.

Ramón primero burga con el dedo. Introduce el índice por la abertura. Y con cuidado lo mete y lo saca. Tal como si fuera una penetración anal.

Pero con un pene tamaño preescolar. Me gusta. El siguiente paso es la lengua. La hace girar como una saspa sobre mi culo. Me lo moja por completo.

Y yo me pongo como una moto. Ramón salta sobre mí como un perro descontrolado. Pero adelanto unos pasos y me lo quito de encima. Eso no, le grito.

Vuelve al sillón. Me hace un par de fotos y se saca la polla del pantalón. Giro un poco más y me sitúo frente a él. Me pongo en pie y desabrocho el sostén.

Zarandeo las tetas primero y las sujeto entre las manos después. Por así pellizcarme los pezones. Ramón se está masturbando como un loco. Sacude su sexo a velocidad de vértigo.

Nuevamente me doblo hacia adelante y dejo colgar mis senos. No puedo evitar sonreír ante tan esperpéntida situación. Ramón gruñe y se corre encima de la moqueta.

El blanco semen no sale en cantidad, pero se hace notar. Recorre sus dedos mientras él se estira por completo en el sofá. Y se tensa como si recibiera mil descargas.

Luego, la calma. Vuelvo a vestirme y me despido de Ramón. Este salta del sofá y corre hacia mí para darme dos besos. Seguidamente me pide que nos casemos.

Cada semana igual. Y ahora que le digo, la cantina es la de siempre. Que no soy mujer de ataduras. Él es un hombre bueno y cariñoso. En ese aspecto es mi tipo ideal.

Pero no quiero liarme en serio con nadie. Le acaricio la mejilla y me marcho. De camino al metro, rememoro el momento en el que el glande de Ramón salía disparado el esperma.

Noto mi culo aún húmedo. Es una sensación incómoda. A la parque agradable. Espero en el andén. Las viejas me miran al pasar. Y me río. Pensando que dirán si supieran que en esa situación me encontraba hace 20 minutos.

El viaje es largo. Son bastantes paradas. Pero siempre he sabido calcular bien el tiempo. Y llego a casa de Norman. Tan puramente puntual como siempre.

Llamo a la puerta y me abre. Se me acerca y me da un beso en la mejilla. Entro. Es un chico muy agraciado en cuestiones mentales. En pocas palabras es un tanto idiota.

Pero está muy bueno. Tiene un físico excelente y una polla deslumbrante. El primer día que la vi me aterrorizó pensar que eso se iba a incustar dentro de mí.

Pero mi cuerpo se ha terminado acostumbrando. Más valía. Espero sentada en una silla del comedor. Mientras él se encierra en el lavabo. Empiezo a despojarme de la ropa hasta quedarme únicamente con medias y zapatos de tacón alto.

Dice Norman que así le recuerdo a las estrellas del cine porno. En fin. Ya dije que no tenían muchas luces. Se abre las puertas del baño y sale completamente desnudo.

Sujetando su falo morcillón en una mano y el condón en la otra. Se me acerca y nuevamente me besa en la mejilla. Deslizo mis manos por su pecho sin separar la yema de los dedos de su piel.

Conduzco las manos hacia los brazos y acaricio sus abultados músculos. Me encanta este cuerpo. Ni una gota de grasa. Todo músculo. Sigo paseándome con las manos por el torso.

Desciendo, cruzo el ombligo y empiezo a sentir el vello genital. Me enredo en él voluntariamente mientras beso cariñosamente su cuello. Norman cierra los ojos y me dedica a un suave gemido de aprobación.

Finalmente sujeto su sexo y comienzo a masturbarlo cuidadosamente. Lo noto crecer entre las palmas de mis manos. Me pone muy caliente. Paso a juguetear con los huevos.

Los agarro y les dedico unas estimulantes sacudidas. Esta polla está durísima y me apetece de mala manera que me penetren con ella. Norman me da una gomita y la coloco en la punta del glande.

Luego tiro de ella en dirección a la base hasta que queda totalmente desplegada y perfectamente acoplada a la forma del pene. Soy toda una experta.

Doy media vuelta y pongo el culo en pompa. No tengo que decir nada. Ya sabe lo que quiero. Ramón se encargó de humedecerlo y ahora este portentoso semental hará el resto.

Antes de dar el gran paso, mi compañero se moja los dedos con saliva y los introduce en la cávida. Dibuja círculos, haciendo girar la muñeca.

Todo lo humanamente posible. Este proceso quizás no hubiera sido necesario, pero me encanta. Ya lo creo. Por fin Norman se sujeta al sexo y me clava el grueso y caliente glande rosado en mi culo.

Este, a pesar de estar bien dilatado, parece resistirse. Norman empuja. Duele, pero es una delicia. La polla consigue entrar lentamente hasta medio tronco.

Me pone a cien. Se me tensan las piernas y me da un calombrazo. Se me clava en la espalda. Dirijo mi mano hasta el coño y me masturbo. Mientras mete y saca su gran falo.

Así se acelera. Me obedece. Masciende el recto de las embestidas. Jimmy me clava las manos en los hombros. Sus dedos se hunden en mi carne.

Los huevos chocan con mi culo cada vez que me clava la polla hasta el fondo. Mientras yo jugueteo con el clíderis con el fin de multiplicar el placer.

Mantengo los ojos cerrados. Gotas de sudor descienden implacables por todo mi cuerpo. Y los testículos saltarines bullen deseosos de escupir todo su contenido sobre mí.

Pero antes de dar ese paso, suplico por sentir unos segundos más tan delicioso músculo. Toradrándome, partiéndome en dos. Es un desgarro interno que milagrosamente termina mutándose en el mayor de los placeres.

En el éxtasis absoluto. Sí. Ahora sí. Oh, corrémonos. Oh, sí. Le gano la partida. Por unos segundos. El orgasmo es tremendo. Como si una burbuja me envolviera y lograra hacerme ajena todo entorno.

Oh, sí. Oh, qué bueno. Ajena todo menos al chorro de caliente esperma que escupe sobre mi espalda. Aunque su polla ya no se encuentra en mi culo, todavía siento como este palpita y arde tras la batalla.

Los gemidos de mi compañero resuenan en la habitación. Mientras la lluvia blanca no cesa de caer. Oh, el silencio. Tras unos minutos de reposo.

Nada como una buena ducha para recuperar el ritmo. Una vez más, hago caso miso a los ruegos de Norman. No quiero ser su mujer. No quiero ser la mujer de nadie.

Qué excusa puedo darle para no partirle el corazón. Se me han acabado. Las mentiras piadosas. Además, un taxi me espera en la calle. Debo salir. Ya o no llegaré a casa de Gabriel a la hora acordada.

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