Relatos Hablados

Folleteo entre la maleza

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Somos una pareja liberal muy morbosa y tenemos como afición hacer excursiones al campo, pues nos gusta disfrutar de la naturaleza y, sobre todo, follar al aire libre. A veces vamos solos, pero cuando mejor nos lo pasamos es cuando nos acompaña un matrimonio amigo igual de cachondos que nosotros.

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Voz por BellaPerrix
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Ya sé que hace bastante frío como para ir a dominear el campo y que no puedes viajar a según que zonas sin poner cadenas en las ruedas del coche.

Soy consciente que dadas las bajas temperaturas todavía no apetece estirarse sobre la hierba para que los rayos de sol calienten las mejillas.

A mí eso de ir de excursión me chifla desde que tenía 12 años. Sin embargo, ya he cumplido los 25 y no estoy para según que chiquilladas pero el monte es una adicción a la que no me he podido desenganchar.

A mi esposo no le importa coger el coche para llevarme a un bosque solitario. Lo hace porque me quiere y porque el olor de hierba mojada me abre el apetito en el sentido más libidinoso.

Me excita hacerlo al aire libre, en plena naturaleza, en un lugar silvestre rodeado de maleza y donde nadie nos pueda ver. Aún no tenemos hijos, por lo que no estamos supeditados a ciertas obligaciones ni a familiares que nos incordien cuando vamos de excursión.

Si no se apotece ponernos cariñosos y la cosa va más, nos revolcamos sobre unas rocas sin ningún tipo de miramiento eso sí, siempre que no haya nadie cerca, sobre todo niños.

Y si los hay y nos ven, pues que miren y aprendan. A menudo solemos ir al campo con otro matrimonio. Tienen nuestra misma edad y también les gusta hacer el amor bajo los árboles.

Nos tenemos tanta confianza que solemos practicar el intercambio de parejas con ellos. Hace un par de semanas cuando viajábamos por los montes de la chinchilla, mi esposo detuvo el automóvil porque tenía unas ganas locas de orinar.

Abrió la puerta, bajó del coche y se fue tras unos matorrales. Al regresar nos dimos cuenta de que no se había subido la cremallera del pantalón, por lo que todos le vimos parte del canzoncillo y parte de lo que hay debajo.

A mi amiga Clara le hizo tanta gracia la situación que se puso a reír comentando en voz alta que Paco, mi marido, estaba cachondo, que la tenía dura y que no podía seguir conduciendo en ese estado.

Paco no se lo negó y con mucho descaro le preguntó si sabía de algún remedio para bajar la hinchazón. Carlos, el compañero de Clara, me tocó el muslo discretamente para que me agirara y viera como Clara le estaba acariciando el paquete.

En esos instantes supe que nuestros compañeros de viaje estaban muy cachondos y que esos toqueteos no eran unos simples juegos sino el preámbulo de algo más.

Ambos saben que mi marido y yo apuntamos rápido a la diversión. Tanto tiempo había permanecido sentada en el asiento delantero que me apetecía no solo estirar las piernas, sino también abrirme de piernas.

Salí del coche e invité a mis amigos a que me siguieran. Nos encontrábamos en medio de un camino rural por el que nadie pasa casi nunca. Podía decirse que estábamos completamente solos y que no corriamos el peligro de ser descubiertos en plena orgía.

Una vez fuera ellos se bajaron por completo los pantalones y se quedaron con el miembro al aire. Estaban empinados, tan erictos, tan rígidos, tan duros, que se le marcaban los nervios como si fueran a estallar.

¿No os apetece una buena salchicha calentita? comentó mi esposo sonriendo. Unos trozos de carne tan sabrosos se merecían una buena comida. Y nosotras, que somos unas chicas muy complacientes, nos arrodillamos frente a ellos, nos la metimos en la boca y competimos entre nosotras para ver cuál de las dos la chupaba mejor.

Como los jueces iban a ser nuestros maridos, decidimos intercambiar las vergas. De este modo yo saboreaba la pizza de Carlos y Carla la de Paco.

Así conseguiríamos que fueran del todo imparciales en su juicio, aunque sus caras de placer no podían fingir. Las tragábamos tan deprisa, a un ritmo tan endiablado, que ambos estuvieron a punto de yacular en nuestra garganta.

Ellos se hubieran conformado con una buena corrida en la boca, pero nosotras deseábamos de ellos una participación más activa. No era justo que tan solo gozaran los hombres.

Interrumpimos la mamada y les dejamos a punto de caramelo. Nos levantamos y nos contorneamos. Iniciamos un patoso striptease, mientras en la radio del coche sonaba música tecno.

Dimos unos cuantos pasos de baile maldados y nos desabrochamos los vestidos para dejar al descubierto los pechos, el culo y el frondoso parrus.

He de reconocer que ambas lo tenemos bastante peludo. El mío está lleno de pelos rizados y negros. El de mi amiga de bello, fino y dorado. A Paco le gusta a Carla arrabiar, por lo que al verla desnuda se echó sobre ella para separarle las piernas e introducirse la cumbracidad.

Mientras se la metía besaba su piel, que es muy suave, y le acariciaba los pechos que son grandes y redondos y piden a gritos ser tocados. Carla tiene los labios del chichigüe, esos como los de su boca.

El pene de mi esposo bailaba en el interior de su vagina, pues tiene la raja tan abierta que entraba con demasiada facilidad y salía sin pretenderlo.

Yo, por el contrario, soy bastante estrecha. A Carlos le costaba follarme, ya que no estaba lo suficientemente mojada y mi gruta carnosa no acababa de dilatarse.

Yo estaba excitada y debeseaba tenerlo todo dentro, pero el dolor que sentía al ser penetrada me hacía cambiar de opinión, y es que Carlos lo tiene mucho más grueso y largo que el de mi marido.

Paradójicamente, ninguno de los dos hombres se sentía completamente satisfecho con su pareja, ya que a uno le venía el coño grande y al otro estrecho.

Por ese motivo, y una vez ya excitados, decidieron cambiar, y aunque ya nos tienen muy vistas, eso de hacerlo en grupo les motiva tanto como hacer el amor a una estrella del cine.

A nosotras nos complacía la situación, y nos sentíamos muy halagadas por la pasión que despertamos en nuestros hombres. El orgasmo estaba cercano, Carlos fue el primero en correrse, el segundo fue Paco, y nosotras nos dimos por satisfechas cuando notamos que el semen resbalaba por las piernas.

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