Javier y yo somos una pareja feliz.
Vivimos en un piso en el barrio antiguo de Barcelona.
Tenemos unos trabajos bien pagados, nos queremos y sexualmente somos muy activos.
Durante los
primeros años de nuestra convivencia, éramos una pareja con una relación sexual típica
y sin sorpresas.
Pero un día empezamos a ver que nos disfrutábamos como antes en las
horas de alcohoba.
Hacerlo comenzó a ser aburrido.
Por miedo o por consideración,
no nos lo dijimos durante casi un año, pero el caso es que los dos pensábamos igual y
ansiábamos encontrar una alternativa a la rutina del coito.
Después de mucho silencio al respecto,
fue Javier quien se atrevió a proponer que buscaramos algo diferente para hacer, más emocionante,
nuestra relación sexual.
Naturalmente lo acepté con agrado, así que, ni cortos ni perezosos,
andamos estudiando las diferentes posibilidades que teníamos a nuestro alcance.
Se nos pasaron
por la cabeza todo tipo de perversiones y juegos extraños, hasta que dimos con lo que andábamos
buscando, el trío.
Nos gustaba la idea de follar en compañía de otro, ya fuera hombre o mujer.
De hecho, cuando esta práctica se convirtió en algo normal, lo que hacíamos era alternar el sexo
de tercer participante.
Una semana era un chico y otra una chica, así sucesivamente, aunque a veces
rompíamos la regla fruto de algún polvo improvisado.
Nuestro primer intento, que fue con una estudiante
alemana que conocí en el trabajo, resultó todo un éxito, y a partir de ahí fuimos desarrollando
el tema hasta el extremo de que actualmente nos cuesta bastante disfrutar del acto si no es con
un tercero, aunque únicamente nos mire.
Hoy es viernes, día de caza.
Para encontrar al tercero,
a veces nos limitamos a buscar en las revistas de contactos, pero otras veces lo que nos gusta es
salir a la calle y provocar a alguien anónimo para que se apunte al espectáculo.
La verdad es que
siempre es más morboso y una vez termina todo, a esa persona no la vuelve a saber, lo que está
muy bien.
Salimos de casa comentando nuestros problemas en el trabajo, que si el jefe es un
tal, que si esta compañera es una cual, una forma como cualquier otra de desahogarse.
Andamos durante
unos 15 minutos hasta que llegamos al parque, un parque que nos encanta.
Siempre está semivacío y
hay montones de arbustos donde esconderse si a uno le dan los cinco minutos.
Nos sentamos en un banco
pintado de verde, miramos de un lado al otro y divisamos a un tipo que está sentado en otro banco
a unos metros de nosotros.
Está solo y se limita a mirar el paisaje.
Es lo que llamamos una víctima
perfecta.
La maquinaria se pone en marcha.
Javier me besuquea el cuello mientras meto la mano por
dentro de la bragueta y agarro su polla.
La saco al aire libre.
Me agacho e inicio una mamada de
aquellas que hacen historia.
Meto el creciente músculo dentro de la boca y siento como sus
venas se hinchan mientras mi lengua se encarga de embadurnar de saliva cada uno de sus rincones.
Con mi otra mano empujo los testículos hacia afuera y los zarandeo cariñosamente.
Paseo la
lengua en círculo polaro del glande.
Javier se estremece pero contiene las ganas de correrse
porque todo es parte de un plan.
El tío del banco a lo lejos lleva ya rato mirando.
De hecho,
no aparta la vista de nosotros.
Es momento de pasar al plan B.
Dejo de chuparle el apoyo a mi
novio.
Se la guarda de nuevo.
Nos levantamos y seguimos el paseo como si tal cosa.
No falla.
El testigo imita nuestros movimientos y comienza a seguirnos en la distancia.
Unos metros más
tarde se elevan unos arbustos frondosos.
Es el lugar ideal para esconderse.
Mientras esperamos
que nuestra víctima se decida a unirse al espectáculo, Javier me desnuda.
Desaprocha la
blusa y magrea mis tetas.
Naturalmente no llevo sujetador, ya que el momento así lo requiere,
por lo que mi pareja no tiene muchos problemas en dar con los pezones y lamerlos con pasión.
Me estoy poniendo realmente cachonda.
Un ruido que proviene de las hojas nos alerta.
¡Ahí está!
Es
él espiándonos torpemente.
Javier prosigue con su faena aparentemente desinteresado por la presencia
del mirón.
Yo le dedico una sonrisa y le invito a ser partícipe del pastel.
¿Hay para todos?
Es un tío de aspecto más bien vulgar, pero en el juego del placer la verdad es que eso no importa.
Se acerca y toda la timidez que parecía mostrar en un principio desaparece en cuanto siente la
calidez de mi cuerpo semi-desnudo cerca de él.
Hay que saber compartir los placeres de la vida,
así que me agacho entre los dos machos y mientras Javier saca de nuevo la polla de su pantalón,
yo me encargo del amigo anónimo.
Desabrocho sus tijanos y a la vez que miro con una sonrisa de
complicidad tiro de los slips para abajo y una polla prácticamente tiesa hace acto de presencia.
La agarro con fuerza e inicio el sube y baja intenso que despierta a los primeros gemidos en
el extraño personaje.
Javier tiene la polla bien erecta y a punto para ser succionada,
así que mientras le hago la paja al amigo silencioso, comienzo a chupar el falo de mi pareja.
Deslizo la lengua por el tronco, rodeo su rosado capullo con toda la sensualidad de la que soy
capaz y lo aprieto suavemente entre mis dientes, lo que arranca en Javier un sonado jadeo de
complacencia.
Es tan excitante, me giro hacia el lado opuesto y le dedico una reacción de
placer a nuestro amigo con la punta de mi hyperactiva lengua.
Golpeo cuidadosamente
el frenillo, mientras que con mi mano libre le manoseo los cojones.
El tipo no se anda con
chiquitas y enseguida su cuerpo comienza a reaccionar al juego con controlados espasmos.
Ya está bien de dar, llegó el momento de recibir.
Me pongo de pie y sostengo los rabos erectos,
una mano para cada falo.
Besuqueo a Javier y le pido que me dé por detrás, mientras el
amigo anónimo se encarga de la parte delantera.
No tengo que esperar demasiado para sentir como su
polla entra sin miramientos por el coño.
Javier repite la operación, pero por donde termina la
espalda e introduce la suya delicadamente por mi culo, con cariño y lentamente.
Sabé que me gusta
que me sodomicen, pero de forma suave y como solo alguien que te ama de verdad sabe hacerlo.
Si noto ambos falos entrar y salir rímicamente por los dilatados orificios de mi anatomía,
mientras una serie de cosquilleos y escalofríos recorren frenéticamente todo mi sistema nervioso.
Oh, mesjoteos, suben de nivel.
Dos hombres me perforan al unísono y mi cuerpo arde de pasión.
Retorciéndose como una serpiente borracha de éxtasis más absoluta.
Oh, libido desatada hasta sus últimas consecuencias.
Sexo por sexo.
No puedo reprimirme y grito
desesperada.
Mis uñas se clavan sin compasión en la espalda del amigo anónimo, tan dedicado a la
tarea que apenas se muta.
Los tres cuerpos chorrean en sudor, fruto del coito compartido,
y unas irrefrenables ansias de sentir el esperma caliente derretirse sobre mí empujan a suplicarlo.
Oh, quiero que os corrais ahora, por favor.
Mis dos amantes sacan sus respectivas pollas de mis
orificios y se sitúan a ambos lados agarrándose los falos e iniciando una frenética masturbación
mientras espero impaciente que terminen la faena y el líquido de la vida impregne cada uno de los
revolcones de mi cuerpo.
¡Ay, menijadean incansablemente!
Cierro los ojos extasiada.
La espera se me hace eterna.
¡Ahora, finalmente!
Un par de chorros fugaces deliciosos desemen.
Se estrellan contra mi rostro.
Sujeto las dos vergas y aprieto el tronco esperando así vaciarles
hasta la última gota.
Los hilos de esperma se deslican sobre mis manos en dirección a los codos.
¡Mmm, es tan delicioso!
Javier y el amigo anónimo se miran el uno al otro y sonrien,
pero su satisfacción no es nada comparada con mi sobredosis de placer.
Con una vida sexual así, ¿quién puede aburrirse?