No veo nada.
Javier me ha atado la venda a conciencia y voy totalmente a ciegas.
Me sienta
en el sillón del coche, cierra la puerta, entra por el otro lado, enciende el motor
y nos ponemos en marcha.
Ya llevamos unos diez minutos por la carretera y él no dice
nada.
¿A dónde vamos, cielo? le pregunto en un tono cariñoso, esperando romper ese silencio,
pero sigue sin abrir la boca.
En ese momento siento su mano fría aferrarse a mi pierna.
Intento cogersela entre mis palmas, pero hace un gesto despreciativo y le dejo.
Asciende
por mi estómago y llega hasta uno de mis voluptuosos senos.
Me está pellizcando el
pezón, pero dura poco.
De pronto el coche frena.
Javier me hace bajar, mis pies tambalean
sobre un suelo irregular.
Por la brisa y los ruidos de las hojas puedo deducir que estamos
en el bosque.
Tras caminar unos pocos metros nos detenemos.
Con una voz susurrante, calmada
y sensual, mi pareja me pide que me desnude.
No estoy segura de qué hacer.
Todo esto me
da miedo, pero al mismo tiempo siento como mi excitación crece por momentos.
¡Qué demonios!
¿Por qué no?
Ya totalmente desnuda, noto la brisa acariciar mis pezones que endurecen.
Javier me coge de la mano y me devuelve al coche.
De camino algunas piedrecitas se me
han clavado en los pies y la verdad es que me ha molestado un poco su descuido.
En fin,
todo por amor y por un rato de diversión y de sexo.
Estamos de nuevo corriendo por la
carretera.
En el fondo desearía quitarme la maldita venda, pero entonces lo estropearía
todo.
Javier me luce de forma orgullosa.
Me lleva desnuda sentada en el coche y se está
desear que alguien me vea.
Cosa que no tardará en cumplirse.
Un coche reduce velocidad justo
a nuestro lado.
Escucho silbidos y gritos.
Seguramente irá cargado de estudiantes estúpidos.
Javier abre la ventanilla automática de mi lado.
Entra viento.
Puedo escuchar esas voces
como si las tuviera justo a mi lado.
¡Guau tía buena, vaya tetas!
Gritan los energúmenos
entre el ruido de los dos motores a máxima potencia.
Javier da por terminado el show
y cierra la ventana.
Coge un desvío.
Noto la fuerza centrífuga a tirarme hacia él.
De pronto su mano vuelve a posarse en mi pierna.
Esta vez no asciende.
Esta vez se dirige a
mi vagina.
Sus ya no tan fríos dedos acarician tímidamente los labios de mi coño.
Me estremezco
levemente.
Una sonrisa se dibuja en mi cara.
Javier comienza a acariciármelo rímicamente,
dibujando círculos.
Sí, me encanta.
Con los dos dedos abre mi almeja y un tercero
juguetea con el clítoris.
Mis dientes se clavan en mi labio.
Me hace falta cerrar los ojos
de placer, evidentemente, pero ya lo haría si no fuera por la venda.
Mis manos se agarran
con fuerza el asiento forrado con piel sintética.
Entonces Javier detiene la paja y de paso
el coche y por fin espeta.
Ya hemos llegado.
Sale del auto, abre mi puerta y me agarra
nuevamente de la muñeca.
Sigo flotando en la oscuridad total con el constante interrogante
de cuál será el paso siguiente, incluso con el miedo de que me sorprenda con algo que
no me gustaría.
Nos adentramos en el lugar, cubierto por el agua, y nos encontramos en
un barco.
Entonces me obliga a rodillarme frente a él y por fin noto cómo me deshace
el nudo de la venda.
Cuando ésta cae siento los ojos doloridos.
Afortunadamente es de
noche y ningún rayo de luz me da directamente, pero me pican las retinas y me las refriego
con fuerza.
Cuando intento mirar diviso que nos encontramos en una especie de casa a
medio construir en obras y al entrar, no sé, al mirar me topo con una figura muy familiar,
la polla de Javier.
Chúpamela, ordena y yo cumplo.
Me encanta chupársela, es divertido.
Me meto ese musculón flácido en la boca y con una sencilla caricia proporcionada por
mi lengua siento cómo la sangre corre por sus venas y se hincha.
Crece, lo cual crea
una sensación muy extraña y agradable a la par, como si mi boca se hiciera pequeña
y cada vez faltara espacio.
Y más común, a ver, como la suya, de tamaño respetable.
Oh, yo casi dura por completo, centro mi dedicación en chupársela del mejor modo posible.
Quiero
hacerle sufrir, vengarme por lo que me ha hecho pasar.
Así que voy a su capullo y con
la punta de la lengua le masajeo el frenillo.
Y luego, como si no hubiera sido tan difícil,
me meto en el hilo y me muero.
Y, al parecer, el placer que siente es muy intenso, pero
no se lo merece.
Voy a seguir concentrada en su rabo.
Y, al parecer, el placer que siente es muy intenso, pero no se lo merece.
Voy a seguir
concentrada en su rabo.
Así que tras bavear el frenillo formo una o con mis labios y,
como si fuera un anillo, rodeo el glande en su base mas ancha.
Inicio un sube y baja,
limitado a las paredes del glande.
Javier está que pierde el sentido de la realidad.
Yo también.
Cuando ya le he castigado lo suficiente, desciendo
por el tronco de su polla hacia la base, mientras mi lengua desde dentro lame cada uno de los
recovecos, es difícil tragarse un aparato así entero.
Pero a mí es algo que me pone
tremendamente cachonda, asciendo a lo largo del camino venoso hasta llegar a la punta.
De nuevo acaricio el glande a mi paso, pero esta vez me alejo unos centímetros mas y
un hilillo casi mágico de baba une la punta de su capullo con mi lengua.
Tengo que aprovecharlo, así que una vez mas me aproximo al glande, lo beso en la punta
de forma pícara y una vez mas cariñosa y de paso vuelvo a ingerir la baba.
Quiero jugar
el juego de Javier según las reglas.
Hoy es su noche, no quiero estropearlo, así que
detengo mis ansias de masturbarme y con la mano que generalmente castigo mi coño rodeo
su polla e inicio una paja que completa la tan deseada comida de huevos ante la evidente
alegría mostrada por él con intensos gemidos.
Al parecer siempre que se me dio bien eso
de chupar los testículos es casi cómico rodear esas cosas con mi boca, tener el suficiente
tacto de cerrar los labios sin causar dolor y con la lengua golpearlos suavemente.
Lo
hago con toda dedicación posible.
Voy a correr me exclama Javier entre amargos de recuperar el aire perdido, inicia el mismo
una masturbación a su rabo mas que intensa.
Yo corro a cubrirme los ojos una vez mas con
la venda, me la ato yo misma, quiero que se me deje el agua, quiero que se me deje el
agua.
Pero con la guinda final de terminar lo que he empezado del mismo modo cubriéndome los
ojos sin saber exactamente en que momento el semen saldrá disparado de la punta del
falo.
Que emocionante.
Javier gime profundamente, como el agua me da la sensación de que voy
a volver a la vida.
Si, Javier gime profundamente y siento como algo caliente y pegajoso se estalla en mi
cara, indudablemente en su tan delicioso esperma.
Pero aun no ha terminado, de nuevo mas sustancia
se estrella en mis mejillas, me excita sentirlo con toda su calidez, descender, finos chorros
rectones hasta mi cuello, oigo la bragueta de mi compañero cerrarse, se limpia la cara,
vuelve a cogerme de la muñeca y regresamos al coche.
Antes de ponerlo en marcha me dedica
un beso de lo mas humedo, hundiéndome su lengua en mi boca, agradezco tal gesto, intercambiamos
saliva gustosamente, el motor se enciende.
De nuevo en la carretera Javier me dice emocionado, esto va a ser lo mas excitante cariño, la
experiencia definitiva, excitación total, no se de que coño habla, por unos segundos
dudo en pedirle que sea mas claro, pero da igual, porque seguro que me responde con un
silencio, en aquel momento noto un leve giro del auto, un pequeño bote y de nuevo a la
normalidad, pocos segundos despues escucho un motor muy potente rugir como nunca, cada
vez mas cerca, mas cerca, suena una vocina, el rugir del motor lo oigo casi como si estuviera
frente a mi, mas cerca y mas, pero que estará tramando Javier.